ARQUEOLOGÍA DE ALTA MONTAÑA

 

Por Christian Vitry.

Artículo publicado originalmente en la revista "YACHAYRUNA". Año 1, Nº 1. 1997. Universidad Nacional de Salta. Argentina.

La Arqueología de alta montaña es una disciplina relativamente nueva, surgida a raíz de los hallazgos realizados por andinistas en las laderas y cumbres de los picos andinos. Debido a las características particulares de este tipo de arqueología, para la cual se debe tener una preparación técnico - deportiva adicional, pocos son los especialistas que visitaron y estudiaron los sitios de altura o "Santuarios", como comúnmente se los denomina.

Cientos de construcciones entre los 5.000 y casi 7.000 metros de altura y diseminados desde el Ecuador hasta el centro de Chile son la evidencia de la gran cantidad de energía y organización invertida con fines religiosos y políticos. Hoy se sabe que una cultura poseía los medios necesarios para poder materializar tal obra, los INCAS. "La dominación que los cuzqueños ejercieron aquí fue breve (aprox. 1475 - 1532), pero el alto nivel de organización alcanzado se tradujo en obras arquitectónicas cuyos vestigios nos sorprenden. Además de los centros administrativos, fortalezas, tambos (tampu o albergues) y andenes de cultivos dispersos en gran parte del territorio e interconectados por un amplio e ingenioso sistema vial, los incas erigieron pequeños y grandes santuarios en las cumbres de numerosas montañas, llegando en algún caso hasta los 6.700 metros de altura. Con ello dieron un prueba mas de su admirable capacidad organizativa, asociada en este caso a la resistencia y adaptación a la altura de quienes planearon y ejecutaron las actividades y ceremonias correspondientes." (Dr. Juan Schobinger, 1997).

En relación a los hallazgos arqueológicos realizados en las altas cumbres o laderas, existen diversas opiniones al respecto. R. Raffino (1982) prefiere llamarlos "sitios de altura", ya que los mismos se encuentran entre los 900 y los 6.700 metros sobre el nivel del mar.

Antonio Beorchia Nigris (Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña- CIADAM 1985) los clasifica según la altura en: "santuario de alta montaña" cuando la altitud oscila entre los 5.000 y 6.700 metros, "santuario de media montaña": entre 3.000 y 5.000 metros y por último "santuario de baja montaña" si las alturas donde se ubican los sitios se encuentran entre el nivel del mar y los 3.000 metros. Por último, tanto el antropólogo norteamericano Johan Reinhard, como el arqueólogo Dr. Juan Schobinger, coinciden en que "alta montaña" se debe considerar a partir de los 5.200 metros, no obstante, este último opina que el término "arqueología de alta montaña" debe ser relativizado, pues, es necesario tener en cuenta la altura del cerro desde la base y su dificultad de acceso.

Un Poco de Historia.

Nuestro país, y especialmente Salta, tienen mucho que ver en la historia de la arqueología de montaña. El primer hallazgo del que se tiene noticia, se remonta a fines del siglo pasado (1888) cuando el geógrafo chileno Francisco San Román, anuncia haber hallado un "puñal de cobre" (tumi ?) en la cumbre del cerro Chuculai (5.420 m.), ubicado en la Puna salteña, próximo a los grandes volcanes limítrofes. En el año 1905, se producen dos hallazgos, uno sobre las laderas del volcán Socompa (6.031 m. Salta-Chile), a una altura de 5.300 metros, el incansable y pionero Federico Reichert ubica "una gran pila de madera dura", transportada desde centenares de kilómetros por los antiguos moradores andinos. El segundo descubrimiento de ese año (1905) y sin duda uno de los más importantes de nuestra provincia, se realiza sobre las laderas occidentales del Nevado de Chañi, cuando el Teniente Coronel E. Pérez, ubica sobre las laderas de la montaña de casi 6.000 metros, un enterratorio con el cuerpo momificado de un pequeño de aproximadamente 5 años; su ajuar constaba de dos ponchos, dos fajas tejidas en colores, un peine de caña, una chuspa (pequeña bolsa tejida) adornada con plumas, un canuto de caña con decoración pirograbada, un disco de barro cocido y varios fragmentos de tejidos. Lamentablemente no existe un registro o informe con mayores detalles del hallazgo que permitan hoy investigar más sobre el tema. El cuerpo momificado y su ajuar fueron donados al entonces recién creado Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires.

Otro descubrimiento que marca un hito importante en la arqueología de alta montaña se realizó en el año 1930 . El Profesor Eduardo Casanova (entonces ayudante de Salvador Debenedetti), asciende a la cima del Cerro Morado (5.200 m.), ubicado en la localidad salteña de Iruya, y descubre varias construcciones bastante destruidas, en cuyo contexto halló fragmentos de cerámica y algunos vasos casi enteros de marcado corte incaico, además, dos fragmentos de láminas de oro y plata, la parte superior de una campanilla de oro y 30 cuentas de collar de malaquita y lapislázuli (Casanova 1930); una de las plataformas tenía la particularidad de estar rellena con un manto de tierra vegetal (30 cm.) que seguramente fue transportada hasta allí desde las zonas bajas.

En el año 1954, un arriero buscador de tesoros, descubre en el cerro El Plomo (Chile) a unos 5.400 metros una momia infante que causó un gran impacto entre los estudiosos de la época. Es en esta década donde se produce una eclosión y son descubiertos una gran cantidad de sitios de altura en las elevadas montañas de la cordillera andina. Uno de los pioneros de esta actividad es el austríaco Matías Rebitsch, quien en el año 1956 asciende al volcán Gallán (6.000 m) y en un enterratorio de la cima halla estatuillas antropomorfas y zoomorfas. En 1958 regresa a la Argentina y arremete hacia el volcán Llullaillaco (6.739 m), donde realiza importantes descubrimientos y relevamientos. En el año 1965 el austríaco pionero de esta actividad realizó sus últimas expediciones, de las cuales se destacan los picos de la puna catamarqueña como el Peinado (5.740 m), Dos Conos (5.900 m) y el Azufre o Copiapó (6.080 m) .

Desde la década del ‘60 hasta la fecha se destaca la labor realizada por el Dr. Juan Schobinger de la Universidad Nacional de Cuyo, y especialmente la del director del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña de San Juan, el andinista-arqueólogo aficionado- Antonio Beorchia Nigris, quien ha publicado una completa síntesis de los hallazgos de montaña realizados a lo largo de los Andes (CIADAM, Tomo 5, 1985). Desde la década de 1980 se destacan los estudios teóricos y descubrimientos del antropólogo norteamericano Johan Reinhard, quien ascendió y exploró gran cantidad de montañas de Argentina, Bolivia, Chile y Perú. En 1995 realizó uno de los descubrimientos más espectaculares de la arqueología de alta montaña de los últimos tiempos: tres momias y un rico ajuar en la cumbre y laderas del nevado Ampato (6.300 m) en Arequipa-Perú.

Actualmente, se puede decir con orgullo, que es en las provincias de Salta y Jujuy donde mayor actividad se registra, debido fundamentalmente a las investigaciones llevadas a cabo por los miembros del CECOPAM (Centro para la Conservación del Patrimonio de Alta Montaña - Salta) y las de la joven arqueóloga María Cosntanza Ceruti del Instituto Interdisciplinario de Tilcara y colaboradora del CECOPAM.

Sitios Arqueologicos o Santuarios de Altura en la Cordillera de los Andes.

La mayoría de los investigadores coinciden en que fueron los Incas quienes realizaron tales construcciones. Los elementos en los cuales se basan para sustentar tal afirmación se las podría separar en tres grupos: el primero se refiere a los restos materiales hallados en las cimas y laderas de las montañas andinas, los cuales poseen rasgos comunes e integrativos como ser:

  1. Explazo (ceremonial).
  2. Círculo (ceremonial).
  3. Sacrificios Rituales (humanos animales, sustitutivos).
  4. Metalurgia.
  5. Lapidaria.
  6. Textilería.
  7. Arte plumario y malacológico.
  8. Fogones - Acumulación de leña.
  9. Uno o varios conjuntos de R.P.C. (Recinto Perimetral Compuesto), al pie o en las laderas.
  10. Red vial artificial al pie o laderas.
  11. Construcciones accesorias en la cumbre o laderas.

El segundo grupo alberga las de las dataciones radiocarbónicas. Los fechados obtenidos hasta la fecha coinciden con el período de dominación incaica, entre mediados y fines del siglo XIII hasta casi promediar el siglo XIV.

El último grupo de evidencias se lo encuentra entre las fuentes históricas como las de Guamán Poma, Cieza, Cobo y Garcilazo; o en las etnohistóricas como las de los extirpadores de idolatrías (Ávila, Albornoz, Hernández Príncipe, Arriaga), las cuales brindan un esclarificador panorama sobre las prácticas cúlticas y religiosas de los Incas, como así también la importancia de las montañas y los fenómenos meteorológicos como seres ordenadores de la vida social, política y religiosa.

Como se mencionara anteriormente, esta disciplina es relativamente nueva, razón por la cual no ha llegado a desarrollarse en muchos países andinos como Bolivia, Ecuador y Perú. La Argentina y Chile son los países donde más descubrimientos y estudios se realizaron. Perú, en 1995, fue escenario de uno de los descubrimientos más espectaculares en la historia de la arqueología de alta montaña, cuando en el volcán Ampato, a 6.300 metros de altura, el cuerpo momificado de una "princesa" inca, vio nuevamente la luz del resplandeciente sol luego de cinco siglos de oscuridad y silencio. Sobre las laderas del mismo volcán se hallaron otros dos cuerpos sacrificados; todos con un riquísimo ajuar, rico en cuanto a la cantidad y calidad de los objetos hallados. Con este descubrimiento (que fue manejado políticamente por el Presidente Fujimori), Perú, sin duda, invertirá algunos dólares para la investigación y prospección de los sitios de altura de las altas montañas que atesoran mucha información y secretos en sus entrañas.

A los efectos de tener una idea visual y cuantificada de la distribución de los sitios arqueológicos de altura se presentan los siguientes cuadros y gráficos, cuyos datos fueron aportados por el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña de San Juan (CIADAM) y el CECOPAM (Centro para la Conservación del Patrimonio de Alta Montaña - Salta).

· ARGENTINA:...............................76 sitios

· BOLIVIA:........................................7 sitios

· CHILE:...........................................54 sitios

· ECUADOR:......................................1 sitio

· PERÚ:.............................................27 sitios

En la República Argentina los sitios arqueológicos de altura conocidos hasta el momento son los siguientes:

· CATAMARCA:......................10 sitios

· JUJUY:....................................9 sitios

· LA RIOJA:...............................5 sitios

· SALTA:....................................39 sitios

· SAN JUAN:..............................9 sitios

· MENDOZA:..............................2 sitios

· TUCUMÁN:..............................2 sitios

Total: 76 Sitios de altura.

¿Porqué ruinas a tanta altura? : Hipótesis explicativas.

Muchos de los investigadores a través del tiempo han hecho interesantes aportes hipotéticos, tratando de encontrar una explicación o sentido a estas evidencias arqueológicas tan singulares que se caracterizan por ser las mas elevadas del planeta.

Uno de los primeros intentos de explicar el porqué de los santuarios de altura fue el propuesto por el chileno San Román, quien pensaba que eran sitios de señalización, desde donde se comunicaban por señales de humo. El motivo principal de esta hipótesis es, sin dudas, debido a la presencia de leña y carbón en los sitios. Los Incas usaban el fuego y el humo como factor de señalización, pero siempre en los valles. También era costumbre quemar algunas ofrendas y el humo era un elemento que complementaba el rito (Díaz 1966). Esta hipótesis no se sostiene debido entre otras cosas a que, en las altas cumbres los vientos son tan fuertes que sería imposible que el humo se concentre para poder ser divisado. Por otra parte, sería necesario la permanencia constante de personas en las alturas, hecho que en la realidad es imposible, por último, debido a la disminución de oxígeno, la combustión se ralentiza. Finalmente, los elementos hallados evidencian su función religiosa o cúltica.

La hipótesis más difundida es la del culto al Sol, por tratarse de un elemento religioso incaico (al igual que la mayoría de los sitios). Tres son los argumentos que sustentan esta hipótesis como explicativa de los sitios de altura:

  1. Los Incas cada vez que conquistaban un área debieron instalar un culto al Sol.
  2. Las altas montañas "acercan hacia el Sol" a aquellos que practican el culto.
  3. La mayoría de las aberturas de las construcciones apuntan hacia el Este, incluso algunas con ciertas precisiones astronómicas (coincidencia con los solsticios por ejemplo).

Los tres argumentos anteriores tienen ciertos puntos débiles que hacen dudar de su veracidad. Por ejemplo, se carece de referencias tanto históricas como etnográficas sobre el culto al Sol en las cumbres de los cerros. Por otro lado, los Incas tenían solo dos direcciones ceremoniales, Este y Oeste (Rowe 1930). El Este como dirección ceremonial es una constante en muchas culturas del mundo.

Muchos santuarios de altura están relacionados con explotaciones mineras en la base o ladera de la montaña. Es sabido que los Incas consideraban sagrada una montaña que tuviese metales y les rezaban para que los entregaran (Cobo 1964). Raffino señala que un 75% de los sitios de altura están relacionados con la minería; menciona incluso que uno de los motivos de la penetración incaica en la Argentina fue la búsqueda de minerales. Los mineros actuales aún realizan ofrendas a la montaña de donde extraen el mineral. No obstante, muchos e importantes santuarios de altura no están relacionados con la minería, razón por la cual es cuestionada esta hipótesis.

Por último, el Dr. Johan Reinhard, científico que ha ascendido a sitios de altura de todo Sudamérica y una de las máximas autoridades en la materia, posee una gran cantidad de pruebas a favor de la hipótesis de los ritos de la Fertilidad. Los ritos de fertilidad tienen en la actualidad total vigencia y parece ser que también tenía antes de la expansión incaica por todo el territorio Norte del Collasuyu. En esta hipótesis conjugan todos los elementos relacionados con la montaña y la dualidad impregnada en el pensamiento andino. El investigador Antonio Beorchia opina al respecto: "sospechamos, a la luz de los actuales conocimientos, que la adoración a las montañas fue una ostumbre típica del Collasuyu, que los incas asimilaron una vez conquistada esa región, yuxtaponiendo el culto del Sol (de Tunupa, de Illapa y otros?) a los ritos de la Fertilidad". Por su parte, el Dr. Juan Schobinger es de la idea que no se debe descartar el culto al Sol, sino considerarlos a ambos, pues en definitiva el sol, es el motor de toda fertilidad.

Para concluir con este breve análisis y destacar la importancia de la montaña como un "ser ordenador" de la vida social, política y religiosa de los habitantes andinos prehispánicos, es dable citar al Dr.Reinhard, quien, con suma claridad aborda el tema: "El estudio a las montañas y de las ruinas que en ellas se encuentran es importante para la comprensión de muchos aspectos de la religión Andina tradicional. Esto, porque en diversas áreas las ruinas constituyen los únicos sitios prehispánicos de tipo religioso.

Ellas también sirven para señalar las áreas de expansión incaica. Debido a que las montañas eran, sin lugar a dudas, adoradas con anterioridad a los Incas (aún si es que los sitios por sí solos demuestran ser de orígen incaico), ellas proporcionan la evidencia de conceptos religiosos prehistóricos.

El culto a las montañas ha sido denominado "El fundamento principal de la cultura andina", al proporcionar una unidad cultural subyacente a los pueblos andinos (Bastien 1978). Su antigüedad es obvia, ya que los rasgos básicos del culto a las montañas se han encontrado a través de todo s los Andes, ha sido señalado en las fuentes históricas más tempranas y en las leyendas, está basado en sólidas observaciones ecológicas y se ha mantenido hasta el día de hoy con muy pocos cambios a pesar del proselitismo Cristiano. Los descubrimientos relacionados con el culto a las montañas han probado ser aplicables también a antiguos centros ceremoniales ubicados en el llano" (Reinhard 1983).

A pesar de la variedad de hipótesis que se han postulado hasta la fecha, muchas son las dudas y cuestiones que quedan sin resolver. Es muy difícil para nosotros, habitantes del llano y las urbes, percibir mínimamente lo que la montaña ha representado y representa para los moradores andinos. Cuesta creer la trascendencia que han tenido los enormes colosos, llegando a representar el "axis mundi " (Elíade, 1994) de muchas culturas; el lugar donde habita Pachamama, donde Tunupa (dios del trueno) e Illapa (dios del rayo) alcanzan su máxima expresión y estremecedor poderío. Desde las altas cumbres se está más cerca de Inti (sol) y de Quilla (luna), dioses ordenadores y reguladores de la vida espiritual, moral y social; seres sobrenaturales sincretizados en elementos materiales como las montañas y todos los fenómenos con ella relacionados.

La Arqueología de Alta Montaña representa un gran desafío para los investigadores, quienes, en condiciones muchas veces extremas, deben olvidarse del cansancio y apunamiento para trabajar sobre los restos materiales dejados por esos hombres que hicieron de la montaña un objeto de culto.

B i b l i o g r a f i a

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EL SANTUARIO DE ALTURA DEL NEVADO DE ACAY

(5.716 msnm; Departamento los Andes; Provincia de Salta).

Por: María Constanza Ceruti y Christian F. Vitry.

RESUMEN

En este trabajo se describirá el sitio arqueológico de altura relevado en la cumbre principal del Nevado del Acay (5.716 m. ; Provincia de Salta), perteneciente a la Cordillera Oriental andina argentina. Se analizaran los antecedentes de observaciones y recolecciones efectuadas previamente en esta cumbre, y se detallarán las particularidades del registro arqueológico relevado en el marco de la campaña de prospección conducida en 1996. Se pondrá especial énfasis en la caracterización de la arquitectura, cuya monumentalidad será interpretada en el marco de estrategias de dominación involucradas en la preparación y ejecución de los rituales de alta montaña.

EL NEVADO DE ACAY

El Nevado del Acay se encuentra ubicado a 24º 23' Latitud Sur y 66º 10' Longitud Oeste, aproximadamente a 25 km. al Sudeste de la localidad de San Antonio de los Cobres, Departamento Los Andes, Provincia de Salta, República Argentina. Pertenece al Sistema Orográfico de la Cordillera Oriental Andina, ubicándose en el borde oriental de la Puna salteña, en las nacientes de la Quebrada del Toro y del Valle Calchaquí. Su altitud es de 5.716 m.s.n.m. (según carta topográfica "San Antonio de los Cobres" - Hoja 2566-I- del Instituto Geográfico Militar), lo que representa un desnivel de más de 1.700 m. Con respecto a los 4.000 m.s.n.m. del nivel de base de la altiplanicie puneña.

Se trata de un cerro formado por una sola cumbre principal que se eleva como un pequeño morro sobre una precumbre llana y extensa. La cima es una superficie plana, de considerable extensión, formada por bloques rocosos de regular tamaño. El acceso a la cumbre es practicable sin dificultad por todos los filos, aún por aquellos que presentan acarreos en pendientes pronunciadas. Las laderas y la cima carecen de glaciares, y el cerro aparece frecuentemente cubierto de nieve temporaria durante la estación estival.

Desde la cumbre se divisan los volcanes de la Cordillera Occidental, el Nevado de Chañi, el Nevado de Cachi, el Nevado de Quehuar, el Tuzgle, el Acay Chico, el Castillo, el Remate, el Llanaleri, el Rumibola, entre otros cerros y nevados de la región.

ANTECEDENTES E INVESTIGACIÓN

Las ruinas existentes en la cumbre del Acay se conocen desde hace varias décadas. En los años '50, el andinista salteño, J. Fadel, ascendió a la cima, refiriendo el hallazgo de un recinto en forma de "U" orientado al Este, y de una tibia, aparentemente humana. El nevado fue luego ascendido en reiteradas oportunidades por Christian Vitry, quien en 1983 reconoció en la cumbre, un conjunto de estructuras arqueológicas con leña. El nevado también fue ascendido por Johan Reinhard en 1985, identificándose en esa oportunidad dos posibles plataformas, y cuatro estructuras sobrenivel (Beorchia 1987).

Prospección y relevamiento en alta montaña. En Marzo de 1996, los autores de este trabajo, junto a otro andinista salteño, llevaron a cabo la exploración y relevamiento de la cumbre del Acay. La investigación consistió en prospecciones, levantamiento planimétrico de las estructuras en la cumbre mediante la técnica de brújula y cinta métrica; documentación fotográfica de las distintas construcciones, y recolección de muestras de leña para futuros fechados radiocarbónicos.

LAS EVIDENCIAS ARQUEOLÓGICAS

En el Nevado de Acay, el sitio arqueológico de altura que motivara la presente investigación se encuentra localizado sobre la planicie del morro cumbrero, a 5.716 m.s.n.m. Consta de un conjunto de estructuras sobreelevadas localizadas en el punto más alto de la cumbre, y de dos conjuntos subsidiarios de estructuras, ubicados, respectivamente, a unos 10 m. al Noreste y a unos 30 m. al Noroeste del conjunto principal.

El conjunto principal está formado por dos plataformas sobreelevadas, sin relleno artificial, construidas con bloques rocosos procedentes de la misma cumbre. Una de las plataformas, de planta trapezoidal, tiene una longitud de 6,7 m., siendo su base mayor de 6,20 m., y su base menor de 5,4 m.. Alcanza una altura máxima de 1,3 m. Su eje mayor se orienta hacia el Este, a 85º de desviación con respecto al Norte; en tanto que sus lados menores se encuentran orientados al Norte, estando la base menor desviada sólo 5º en dirección Oeste. La estructura aparece afectada por intenso derrumbe, y semidestruída por la acción de antrópica, presentando pozos de huaqueo en su parte superior. Dichos procesos post-depositacionales le restan visibilidad a la construcción, la cual tiende a confundirse con el roquerío de la cumbre, pese a su gran tamaño y altura. En la parte más alta de la plataforma se ha plantado una cruz, con el nombre del cerro y su altitud, cuya base es utilizada para la depositación de testimonios de ascensiones. Sobre dicha estructura, y en sus cercanías, se encontraron los fragmentos de leña a los que se ha hecho referencia con anterioridad.

La otra plataforma se encuentra contigua a la primera, quedando separada de la misma por un pequeño muro de 3 m., y por derrumbe procedente de ambas, que dificulta su diferenciación. Tiene una planta más rectangular, de 6,1 m. de longitud por 6,6 m. de ancho, orientándose su eje mayor en dirección al Norte. Su base se prolonga hacia el Este, a 80º de desviación con respecto al Norte, en un muro de 3,6 m., que luego de formar un ángulo recto, continúa 6,8 m. más, en dirección paralela a la de los lados mayores de la plataforma.

El conjunto ubicado al Noreste, está constituido por dos recintos de muros bajos, de planta semicircular, orientados al Noreste. Uno de los recintos, ubicado a unos 10 m. al noreste de la segunda plataforma, tiene un diámetro mayor de 3,5 m., por 3 m. de diámetro menor. Su diámetro mayor se orienta a 120º de desviación con respecto al Norte, quedando la abertura del recinto orientada en dirección Noreste. Los muros, construidos con bloques de la misma cumbre, alcanzan una altura de 0,6 m., y un ancho máximo de 1,5 m., en razón del intenso derrumbe que los afectara. El otro recinto, ubicado a un metro al Norte del primero, es una construcción de muros bajos, de planta semicircular, de 4,4 m. de diámetro, que se orienta en dirección Noreste, al igual que el recinto contiguo. También se asemeja a la estructura vecina, tanto en la altura de los muros, de 0,5 m.; como en el ancho máximo

alcanzado por los mismos, de 1,5 m.

El tercer conjunto, situado a unos 30 m. al Noroeste de la primeraplataforma, está formado por dos recintos, de muros esquinados formando un ángulo, cuya abertura se orienta hacia el Norte. Una de las estructuras es una intersección de dos muros, uno de 5,5 m. de longitud, orientado a 325º de desviación con respecto al Norte; y el otro, de 4,4 m., orientado a 50º. La otra construcción, ubicada a 8,5 m. al Norte, y a 345º de la primera, es también de la intersección de dos muros. Uno de ellos alcanza una longitud de 6,3 m., orientándose a 220º de desviación con respecto al Norte. El otro, de 4,5 m. de largo, se orienta a 130, quedando la abertura del ángulo por ellos formado, orientada hacia el Noroeste. En ambas estructuras, los muros, construidos con rocas de la misma cumbre, alcanzan un ancho de 0,9 m., extendiéndose el derrumbe, a ambos lados, hasta 2,2 m., lo que lleva a prever una altura original mayor a los 0,65 m. que alcanzan actualmente.

En las cercanías de las plataformas sobreelevadas, así como en su parte superior, se encontraron escasos fragmentos de leña de pequeño tamaño, no detectándose otros ítems artefactuales ni ecofactuales en el sitio, durante la campaña de 1996.

DISCUSION

El santuario de altura identificado en el Nevado del Acay se encuentra ubicado en la extensa y llana explanada que forma el morro cumbrero. El emplazamiento del sitio en un espacio amplio, sumado al hecho de que se trata de un cerro de considerable accesibilidad, permite plantear la hipótesis de una numerosa concurrencia prevista a las actividades ceremoniales realizadas en la cumbre. Por otra parte, la enorme inversión en la monumentalidad de la arquitectura sobreelevada de las plataformas cumbreras, sugiere que se habría planificado su exhibición frente a un público asistente, durante la instancia del ritual. En consecuencia, parece ser poco probable que solamente los oficiantes del culto ascendieran a la cumbre del Acay, permaneciendo los asistentes en la base, como se ha postulado para otras localidades arqueológicas de altura, como ser, por ejemplo, el caso del Nevado de Ampato (Reinhard 1996).

El considerable requerimiento de mano de obra para la construcción de las estructuras sobreelevadas sugiere la apropiación de esta localidad arqueológica de altura en ceremonias institucionalizadas en un marco de alta complejidad social. Las características arquitectónicas de las plataformas permiten, además, hipotetizar la construcción y utilización de las mismas bajo influencia incaica (Raffino 1982); es decir, en un lapso temporal comprendido entre 1.470 y 1.532 d.c.

Las estructuras presentes, tanto en el complejo noreste, como en el complejo principal, tienen la capacidad de generar espacios segregados. Los recintos de muros bajos simplemente segregan espacios por delimitación de una superficie; en tanto que las plataformas desnivelan artificialmente el espacio plano de la cumbre. La presencia de estas plataformas permite interpretar al sitio como un "santuario" (sensu Leach 1978), en el que se habría diferenciado intencionalmente un espacio 'sacro' para la ejecución del culto, y un espacio 'profano' para la asistencia al mismo. Este es otro motivo por el cual cabe inferir la participación de personas de distinto rol y status (sacerdotes y fieles), durante los rituales realizados en esta cumbre (Ceruti 1997a). La desnivelación, como recurso incorporado a la

escenografía, habría permitido introducir asimetrías visuales entre los espacios segregados, contribuyendo, en forma encubierta, a la reproducción de las desigualdades de poder entre los oficiantes y asistentes a la ceremonia (Nielsen 1995).

La titánica tarea de construcción de estructuras sobreelevadas de las dimensiones de los presentes en el santuario del Acay, a más de 5.700 m.s.n.m., donde las condiciones de trabajo son extremadamente difíciles, no puede explicarse solamente en función de la necesidad de segregar espacios para acondicionar un ámbito sacralizado para el ritual. Además de la notable inversión en la perdurabilidad y visibilidad de las estructuras con fines escenográficos, es posible que las tareas de construcción de las plataformas, fuesen parte de estrategias de disciplinamiento laboral de la mano de obra, como lo eran asimismo la mayor parte de las prestaciones de los mitayos y mitimaes, durante el incanato.

Con relación a la naturaleza de las actividades rituales realizadas, el registro actualmente presente en el sitio sólo informa acerca de la depositación de leña. De comprobarse la existencia de la tibia humana referida por J. Fadel, podría plantearse la posible realización de un sacrificio humano en esta montaña. La virtual ausencia de otros ítems artefactuales y ecofactuales en la superficie del sitio, como asimismo la depredación sufrida por las plataformas, impiden la reconstrucción de otros aspectos de las ceremonias religiosas realizadas antiguamente en esta cumbre. No existen referencias concretas acerca de la existencia de estatuillas, textiles ni cerámica, que son hallazgos frecuentes en otras localidades arqueológicas de altura. Sin embargo, no puede descartarse la inicial existencia de este tipo de ofrendas, si se tienen en cuenta los reiterados eventos de saqueo a los que este santuario fuera sometido.

En el caso de las estructuras del complejo noroeste, la altura de los muros, que se estima podría haber sido mayor antes de su derrumbe; así como el tipo de planta abierta de los recintos, permiten hipotetizar su utilización en funciones de protección o resguardo contra el viento que sopla en habitualmente en la cumbre. Sin embargo, la ausencia de registro artefactual o ecofactual en superficie, no permite avanzar hipótesis más concretas acerca de la posible funcionalidad de estos recintos.

CONCLUSIONES

El sitio ritual de altura en el Nevado del Acay constituye un ejemplo típico de santuario de altura incaico (Schobinger 1986). Se ha aprovechado la cima de una montaña de considerable altitud, para la construcción de arquitectura ceremonial, acumulación de leña, y quizás también (aunque la evidencia no haya sido apropiadamente recuperada ni documentada), para la depositación de ofrendas, y ejecución de sacrificios humanos. En efecto, muchas localidades arqueológicas de altura incaicas presentan ejemplos semejantes de acumulación de leña y de construcción de plataformas en sus cumbres o precumbres (Beorchia 1987; Ceruti 1997a).

El análisis de la evidencia arquitectónica, permite inferir la participación de un considerable número de personas, que se presumen de distinto rol y status, en el desarrollo de las actividades ceremoniales realizadas en las alturas de este nevado. La elección de la extensa

explanada cumbrera para el emplazamiento del santuario sugiere que se habría previsto la congregación de una numerosa concurrencia; en tanto que la construcción de plataformas, habría hecho posible la segregación de un espacio sacralizado, para el despliegue de la actividad ritual por parte de los oficiantes. El desnivel entre la superficie de la explanada y la parte superior de las plataformas, habría contribuído a recrear encubiertamente, las desigualdades sociales entre sacerdotes y asistentes, mediante las asimetrías visuales generadas.

La gran visibilidad y perdurabilidad de algunas de las estructuras arquitectónicas, además de contribuir al acondicionamiento de la escenografía en la instancia del ritual, habría constituido la justificación ideológica necesaria para la implementación de estrategias de disciplinamiento laboral, aprovechando las dificultades del trabajo físico en alta montaña, y los considerables requerimientos de mano de obra para la construcción de arquitectura monumental.

Las localidades arqueológicas de altura constituyen una vía privilegiada para el estudio del ritual en tiempos previos a la conquista española. Futuras investigaciones en el marco de una arqueología del conflicto social deberían contribuir a un mejor conocimiento de las estrategias de legitimación ideológica de la dominación inca, que durante la expansión y consolidación de la hegemonía cuzqueña, tuvieran como escenario las altas cumbres existentes en el territorio del imperio.

AGRADECIMIENTOS

Deseamos expresar nuestra gratitud al Dr. Juan Schobinger de la Universidad Nacional de Cuyo, por el incondicional apoyo que nos ha brindado en la realización de todas las investigaciones, bibliográficas y de campo, en arqueología de alta montaña. También tenemos una gran deuda de gratitud con Antonio Beorchia Nigris, presidente del CIADAM (Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña de San Juan) por compartir generosamente con nosotros su experiencia en la exploración de cumbres andinas. Agradecemos el apoyo recibido del Director de Patrimonio Cultural de Salta, Arq. Mario Lazarovich y de todos los miembros del CECOPAM (Centro para la Conservación del Patrimonio de Alta Montaña de Salta), por su interés y dedicación para la protección del patrimonio arqueológico de alta montaña.

BIBLIOGRAFÍA

Beorchia Nigris, A. 1987 El Enigma de los Santuarios Indígenas de Alta Montaña. Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña, San Juan.

Ceruti, M.C. 1996 Arqueología de Sitios de Altura: una Aproximación Teórico-Metodológica. Tesis de Licenciatura en Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires.

1997a Arqueología de Alta Montaña. Salta.

1997b La Sagrada Cumbre del Chañi: Los Incas y el culto en las alturas vistos desde la Arqueología. Instituto Interdisciplinario de Tilcara. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

1997c Sitios Rituales de Altura y Estrategias Sociales de Dominación: caso de estudio en el Nevado de Chañi (5.896 m., límite provincial Jujuy-Salta, Argentina). Estudios Sociales del N.O.A. 1 (1): 127-154. Instituto Interdisciplinario Tilcara. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

1997d Prospecciones Arqueológicas en el Sitio Ceremonial de Altura del Volcán Granada (5.697 m.; Dpto. Rinconada; Pcia. de Jujuy). Trabajo presentado en las IV Jornadas de Jóvenes Investigadores en Antropología del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Buenos Aires.

Leach, E. 1978 Cultura y Comunicación: La lógica de la conexión de los símbolos. Siglo XXI, Madrid.

Nielsen, A.E. 1995 Architectural Performance and the Reproduction of Social Power. Expanding Archaeology , editado por J. Skibo, W. Walker y A.E. Nielsen .University of Utah Press.

Raffino, R.A. 1982 Aplicaciones de la Teoría de Sistemas y Propuesta Taxonómica de los Vestigios Inca en los Andes Meridionales. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología 9: 59 - 76. Buenos Aires.

Reinhard, J. 1983 Las Montañas sagradas: Un estudio etnoarqueológico de ruinas en las altas cumbres andinas. Cuadernos de Historia 3: 27 - 62. Universidad de Chile.

1992 Sacred Peaks of the Andes. National Geographic 181 (3): 84 - 111.WashingtonD.C.

1996 Peru's Ice Maidens. National Geographic 189 (6): 62 - 81. Washington D.C.

1997 Llullaillaco: Investigación del yacimiento arqueológico más alto del Mundo. Anales de Arqueología y Etnología 48/49: 105- 129. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.

Schobinger, J. 1966a Investigaciones Arqueológicas en la Sierra de Famatina, provincia de La Rioja. Anales de Arqueología y Etnología 21: 139 - 196. Universidad Nacional de Cuyo. Mendoza.

1966b La momia del Cerro El Toro: Investigaciones arqueológicas en la Cordillera de la Provincia de San Juan. Anales de Arqueología y Etnología. Suplemento al tomo 21. Universidad Nacional de Cuyo. Mendoza.

1967 Breve Historia de la Arqueología de Alta Montaña en los Andes Meridionales. Boletín de la Sociedad Arqueológica de Santiago 4 23 - 24. Santiago.

1968 Ruinas incaicas en el Cerro Mercedario, 6770 mts.: Informe sobre expedición de 1968. Actas del 38 Congreso Internacional de Americanistas. Stuttgart.

1982 Estudios de Arqueología Sudamericana: Arte Rupestre y Santuarios Incaicos en el Oeste de Argentina. 132 p. Castañeda, Buenos Aires.

1985 Descripción de las estatuillas que conforman el ajuar acompañante del fardo funerario hallado en el Co. Aconcagua, Prov. de Mendoza. Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología 16: 175 - 190. Nueva Serie. Buenos Aires.

1986 La red de Santuarios de Alta Montaña en el Contisuyu y el Collasuyu: Evaluación general, problemas interpretativos. El Imperio Inka I : 297 - 317. Córdoba.

1995a Informe sobre la relocalización de un hallazgo de Alta Montaña del Noroeste Argentino: la llamada Momia de los Quilmes. Comechingonia 8:47 - 67. Córdoba.

1995b Aconcagua: Un enterratorio incaico a 5.300 metros de altura. Mendoza.

 

VOLCÁN LLULLAILLACO: DE CAVERNAS Y MISTERIOS

Por Christian Vitry.

 Artículo publicado originalmente en la revista "Miradas: Artes, Ciencias y Creencias del Norte". Nº 9. Junio—Julio de 1997. Salta. Argentina.

 Recortado sobre el opalino cielo del confín puneño, descolla la sobrecogedora silueta del volcán Llullaillaco, con sus 6.739 metros de altitud y su casi mágico encanto.

Generaciones de hombres de diferentes culturas y tiempos históricos sintieron el "llamado" de la montaña, esa fuerza casi sobrenatural que provocan los quiméricos y desolados paisajes de la cordillera andina.

Es posible que hombres de culturas preincaicas veneraran a este fabuloso volcán y lo consideraran como "algo especial", nunca fue una montaña mas de la cordillera; los Incas, a escasos metros de la elevada cúspide construyeron con rocas una "choza doble circular" que los arqueólogos denominan en forma genérica "Santuarios de Altura", allí, de acuerdo a lo indicado por los documentos y estudios etnohistóricos, se realizaban ceremonias propiciatorias. Durante siglos, viajeros, "comerciantes" y arrieros que transportaban recuas de llamas hacia la región atacameña y costa pacífica recalaban en ese hito tan importante, enjundioso por su simbolismo y significancia cultural. Leyendas varias, historias de tapados indígenas y cavernas profundas, entre otras riquezas folclóricas, hacen del Llullaillaco una montaña fuera de lo común, un elixir para los aventureros, científicos y soñadores.

De todas las historias que acaudala el volcán Llullaillaco, una ha cobrado mayor relevancia en los últimos tiempos, siendo el motivo de reiteradas visitas exploratorias por parte de especialistas en estudiar las cavernosidades del planeta, esto es los espeleólogos. Esta historia de cavernas, aventuras y misterios comienza como tantas otras, con un relato de la popular tradición oral y mucho entusiasmo.

En el año 1932, en la localidad puneña de San Antonio de los Cobres, el viejo baqueano Valeriano Pantoja deleitaba los oídos y exaltaba la imaginación de dos jóvenes profesionales que se encontraban en ese pueblo realizando exploraciones sanitarias y estudios de ecología humana. Sin duda, la historia de la "CHUNGARA" del Llullaillaco (cueva, donde se refugiaban los arrieros con sus llamas mientras viajaban a Chile) había conmovido y movilizado a los médicos Salvador Mazza y Miguel Jorg.

No tardaron estos hombres emprendedores en organizar una expedición al gigante andino en busca de la cueva mencionada por Pantoja. Durante el viaje de acercamiento, que les demandó diez días a lomo de mula por uno de los lugares mas inhóspitos del planeta, el relato del baqueano retumbaba cada vez con mayor fuerza en sus mentes y tal vez la imaginación les describía aquel "gigantesco hueco cónico en el corazón de la montaña, cuyo piso tendría centenares de metros de extensión y cuya altura era inmensurable, pues su techo se habría de perder en la inmensidad del techo que la aloja, chimenea de una cráter volcánico apagado" . En el interior de esta caverna, donde otrora se alojaban centenares de animales, Valeriano hizo referencia de la existencia, entre otras cosas, de restos de fogones, pictografías líticas, fragmentos de cerámica y otros materiales manufacturados.

Una vez en el lugar, los expedicioonarios pasaron largas horas tratando de encontrar la boca de acceso, hasta que finalmente dieron con una "abertura chata de 50 - 60 centímetros de altura y quizás un metro de ancho irregular y erizada de filosas rocas quebradas".

De los seis miembros que integraban el equipo de aventureros, cuatro bajaron al interior de la chungara, el primero en descender fue el salteño "Flaco" Reales, longilíneo hombre oriundo de Luracatao, quien atado a una soga de cáñamo no tuvo problemas en adentrarse, dando luego la voz de aceptación, se trataba de la famosa "chungara".

El rico relato de Jorg merece ser transcripto aquí (parcialmente), ya que se trata de una preciosa pieza literaria poco conocida y que nos transportará a ese inhóspito paraje puneño donde transcurrieron dramáticas horas estos hombres de ciencia; dicho relato fue la fuente de inspiración de los espeleólogos del Grupo Espeleológico Argentino, quienes dedicaron infructuosamente durante cuatro campañas localizar la preciada "Chungara del Llullaillaco".

"¡Allí estábamos ! La inmensa caverna cuyo piso configura un óvalo que apunta al NE y cuyo largo máximo llega a los 560 metros se mostró efectivamente como un enorme cono, casi un cilindro, cuyo límite superior no era visible pues el haz de luz de nuestras más poderosas linternas de 7 elementos voltaicos, que fácilmente llegaban a 500-600 metros se perdía en el vacío. Por alguna grieta oblicua en las alturas, se filtraba un tenue y neblinoso haz de luz diurna, que no alcanzaba a disipar la lóbrega oscuridad del pétreo recinto.-

Si bien grandiosa en su conformación, aquella catedral del silencio y las tinieblas se mostró negativa en sus aspectos arqueológicos, quizás por insuficiente exploración de nuestra parte.-

El ambiente era frío, pero húmedo y sofocante; se advertía que el aire de la caverna no se renovaba por falta de circulación. La pared del cono estaba cubierta de una espesa capa viscosa de líquenes y algas, pero fue imposible descubrir el menos rastro de pictografías".

Luego de tomar algunas fotografías, filmar y levantar un plano de la cueva los expedicionarios emprendieron la retirada, el último en salir fue el doctor Jorg, pero..."al llegar a la mitad del túnel, súbitamente me atasqué; no supe si mal orientado mi cuerpo o quizás distendido por el sofocón no pude avanzar más. Se me alargó una segunda cuerda. Imposible avanzar ! Una aguda y filosa piedra se me clavaba en la espalda a tal punto que el último tirón me hizo tiras la camisa y me produjo una profunda herida desgarrada en la espalda. Me alcanzaron una de las fuertes zapas-picos de escalar montaña para que tratara de picar la roca y eliminar el obstáculo. Me acomodé acostado de lado en la parte más ancha del túnel y empecé a castigar con furia la saliente de roca con la zapa. A los pocos minutos tuve la sensación por el ruido del impacto, cada vez más sordo, que la roca saliente se desprendería. Introduje la zapa en una grieta que flanqueaba el saliente e hice palanca. Siguió un sordo estruendo, un remedo de trueno y una laja inmensa, bloque de tamaño incalculable se soltó, cerrando casi por completo el estrecho pasaje. Algunos crujidos más y un ruido alejado de aluvión; la boca del túnel se oscureció por completo y luego el silencio absoluto en mi derredor : ¡Prisionero del Llullaillaco !. Me invadió súbitamente una desesperación incontenible, una angustia tremenda de invalidez e incapacidad ante la fuerza de la naturaleza, frente al mudo y supremo poder megalítico de la montaña que con un simple guijarro me separaba del resto del mundo, quizás del resto de mi vida. Desfilaron ante mi en cinematográfica caleidoscopía nuestro laboratorio en Jujuy, mi casa en Buenos Aires, la figura de mi madre sentada ante la mesa de nuestra casa, mi novia morena y delgada, un gran amigo, el negro Juan Alberto entre papeles de trabajo, todo con una fidelidad fotográfica asombrosa, recordé en vertiginosa sucesión miles de detalles de mi vida: un traje nuevo, un frasco de agua de colonia penetrante, el aroma de cigarrillos rubios que me acababan de obsequiar, y así no se cuanto tiempo, hasta que me di cuenta que estaba invadido de un miedo horroroso, ciego e inerte de pánico.-

Poco a poco me fui serenando y decidí entrar en acción antes de que pudiera desfallecer. [...] era imperioso que hiciera algo, adelantándome a cualquier esfuerzo de mis compañeros.-

Fuera de la zapa-pico no llevaba encima más que un cuchillo de monte, una pequeña brújula Bazard y una linternita chata de bolsillo. Rehice mentalmente el plano de la caverna que yo mismo había trazado antes y decidí explorar palmo a palmo la pared en busca de otra salida. Hice de vuelta sin haber encontrado más que la superficie mojada y viscosa del muro de piedra.-

La exploración me había dejado cansado y me senté en el suelo; al apoyar una mano toqué unos pelotones con consistencia blancuzca y al iluminarlos vi que era estiércol de mulas. En ese momento me surgió súbitamente un pensamiento: ¿Que se hizo de la entrada a la caverna, por la cual habían entrado arrias de mulas y llamas ? ¿Como se había cegado el camino ?. Con la mayor concentración que me lo permitía el desbaratado estado de ánimo traté de trasladar, sobre la pared de la caverna la zona que correspondía a la cornisa y tras varios tanteos, afortunadamente mi pequeña brújula era visible en la oscuridad, me orienté sobre una parte de la pared rocosa que en nada se diferenciaba del resto del cuerpo de la montaña. Pero repitiendo el examen, palmo a palmo, encontré una especie de saliente, un lomo vertical que empecé a atacar con la zapa-pico. Aparentemente todo era piedra y el pico rebotaba desprendiendo chispas, pero insistiendo en el ataque, la punta del pico calzó en algo blando; hice palanca y se desprendió un predrusco de unos 0,30 de diámetro dejando un hueco barroso. Arremetí entonces con furia y fui labrando poco a poco un hueco en lo que parecía ser el tapón de la entrada, apretujada masa de pedruscos aglutinados por un limo arcilloso evidentemente material de aluvión.

Había avanzado unos 5-6 metros. En ese momento se me ocurrió reflexionar que yo luchaba contra una incógnita : ¿Que espesor tenía la pared de derrubio que obturaba la grieta? Seguro que no menos de 10-15 metros, que era el grueso del cascarón de montaña en lo largo del túnel por el que habíamos entrado. Pero era posible que por fuera sobre la ladera se hubieran acumulado otros tantos metros de material de aluvión. Tendría objeto seguir cavando. No pude pensarlo. No pude pensarlo, pues me sentí impulsado irrefrenablemente a seguir dando golpes de pico hasta agotar las posibilidades de avance. Así metro a metro, cada vez más lento, hasta que los brazos languidecían no queriendo obedecer más; tenía la boca seca al extremo por el esfuerzo y la tensión nerviosa. Me resultaba cada vez más penoso tenerme de pie sobre la masa de piedras que yo mismo iba arrancando y desmenuzando. Llegó un momento en que me fue imposible continuar; caí al suelo y quedé instantáneamente sin sentido. He pensado muchas veces que, si de esta manera hubiera muerto por agotamiento cuan leve y sin transición de sufrimiento hubiera sido!

Cuando desperté estaba envarado y tardé largo tiempo en recuperar la movilidad y las fuerzas. El ambiente sofocante del túnel que había cavado era insoportable; me volví a la caverna, busqué un hilo de agua que caía por la pared y traté de refrescarme con aquella humedad salobre.-

En ese momento oí un lejano y sordo estruendo, extrañamente retumbante en la caverna. Un explosión! Significaba que mis compañeros estaban tratando de volar alguna parte de la pared de la caverna, pero donde? Volví al ataque en mi túnel en la espera de oír nuevamente alguna detonación que me orientara sobre la posición de mis amigos. Sin embargo ella no se repitió.

Continué cavando furiosamente sin detenerme, con obstinación suicida tratando de dar golpes de pico cada vez más fuerte. Súbitamente asesté un golpe desesperado y se me vino encima un alud de piedras. Casi semisepultado, volví a perder el sentido a medias.-

Me recobré aturdido, maltrecho y creí que alucinado por el golpe, pues veía en torno mío una leve claridad. Pero no me engañaba, a la vista de la luz siguió una voz conocida: "Puco ! ¿estáis allí ?". Era el grito de Tilincho. Me incorporé y me lancé hacia la claridad. [...] Quise contestar y sólo me salió un ronco gruñido, pero los golpes de la piqueta dieron a entender que yo estaba allí. Del otro lado contestó un vigoroso concierto metálico de herramientas e imprecaciones collas y media hora más tarde me lavaban la cara con una cantimplora a la luz del sol, mientras el Llullaillaco permanecía impávido ante la aventura de las hormigas humanas que se habían aventurado a su corazón.-

Cuando en el camino de vuelta la figura del Llullaillaco se iba perdiendo oculta en la rojiza sombra crepuscular del macizo andino, su cumbre se me antojó más amenazante y fiera que cuando a él arribáramos, como si fuera la Upamarca, la prisión del alma de la montaña y quizás fuera así, porque esta vez, la presa se le había escapado".-

Tan apasionante historia genera estrepitosos efectos en la imaginación y el espíritu de aventura de cualquier hombre, mas aún si se dedica a la espeleología; pero, concretamente qué es la espeleología?.

Espeleologia en el legendario Llullaillaco

Se trata de un término derivado del griego y significa "ciencia de las cavernas", acuñado en las postrimerías del siglo XIX por un francés apellidado Martel. Lo cierto es que esta actividad cabalga entre el deporte y la ciencia, debiendo los que la practican estar preparados física, técnica y psicológicamente. La espeleología tiene una gran diversidad de motivos u objetos de estudios, no se trata solamente de ingresar en un cavernamiento natural de la tierra y describir lo que existe en su interior. Con el transcurrir del tiempo se fueron generando multitud de especialidades acorde a las necesidades surgentes de las exploraciones y profundidad de análisis, así se acercaron a esta actividad geólogos, biólogos, arqueólogos, geógrafos, paleontólogos, hidrólogos, psicólogos y otros tantos, dando origen a neologismos como Bioespeleología, Espeleohidrología, Geoespeleología, Arqueoespeleología, Espeleopaleontología, etcétera.

A fines del mes de marzo de 1997 un grupo del G.E.A. (Grupo Espeleológico Argentino - Buenos Aires) liderado por el conocido espeleólogo Julio Goyén Aguado intentaron por cuarta vez (las campañas anteriores fueron en 1983, 1987 y 1990) dar con la caverna ubicada en 1932 por Salvador Mazza y Miguel Jorg, no fue posible hallarla. Indudablemente (y no es para menos) este grupo de espeleólogos quedó prendado con la hechizante belleza del coloso altiplánico, siendo factible su retorno en otra u otras oportunidades.

El hombre es curioso por naturaleza, dejándose muchas veces guiar por el impulsivo entusiasmo y sed de aventuras, pasa por alto una serie de premisas y recaudos que debería tener antes de incursionar por una geografía nueva y a veces peligrosa como lo es la zona del LLullaillaco.

El espectacular arribo de los espeleólogos del G.E.A. a la ciudad de Salta, montados en una logística digna de admiración y sana envidia, provocó en el medio, gracias a la propaganda periodística, una gran repercusión, siendo el comentario generalizado de la gran mayoría. De todas las personas que siguieron de cerca el desarrollo de la expedición, muchos desearían estar en el lugar de los hechos, ser protagonistas y hallar la famosa caverna del relato de Jorg. Justamente allí radica el peligro. Gente que se aventura sin conocer el terreno y carentes de los medios necesarios ponen en juego su integridad física e incluso su propia vida.

Es importante que el público en general sepa que la espeleología no es un simple pasatiempos y que cualquiera no está en condiciones de practicarla. Al igual que el montañismo requiere de un adiestramiento físico, técnico y psíquico, nada del otro mundo ni mucho menos difícil, pero si indispensable.

El patrimonio natural y cultural es un legado que nos pertenece a todos, nosotros simplemente lo tenemos "a cargo" para que todas las generaciones futuras puedan disfrutarlo. Es nuestra responsabilidad proteger y velar por estas riquezas con gran celo. En una sociedad tan superficial como la nuestra (no toda por suerte), donde la pérdida de valores éticos, morales, etc. forma parte de la cotidianeidad, este tipo de actividad científico deportiva, estos modernos exploradores de inhóspitas tierras vienen a llenar parte de los vacíos generados por el mundo urbano; pero, como todas las cosas, se debe en este caso actuar con prudencia y mucho respeto hacia las condiciones del terreno y hacia el patrimonio natural y cultural.

Es necesario que las personas de la ciudad de Salta y de todo el país sepan que antes de ir a realizar cualquier tipo de exploración o expedición con fines científicos deben solicitar la autorización correspondiente ante los organismos oficiales, en el caso de Salta la Dirección de Patriomonio Cultural, dependiente de la Secretaría de Cultura, puesto que existen leyes que así lo exigen. Si la intención es ir a conocer esos bellos lugares, existen en la ciudad de Salta cuatro clubes de montaña y aventuras con gente experimentada y material bibliográfico y cartográfico que pueden brindar toda la información requerida (Club Amigos de la Montaña, Club de Montaña Janajman, Club de Aventuras Salta y Club Andino Salta). Finalmente, existe un centro especializado, con el cual todos los clubes colaboran, abocado a la formación, concientización y comprometido con el patrimonio natural y cultural que, como se mencionó anteriormente "tenemos a cargo"; esta entidad es el CECOPAM (Centro para la Conservación del Patrimonio de Alta Montaña - Salta). Las montañas de la cordillera andina albergan innumerables riquezas que deben ser disfrutadas por las generaciones futuras, tal como nosotros lo hacemos en la actualidad.

Llullaillaco, montaña sagrada de los Incas, esquivo, adamantino, pétrea catedral de la Puna que atesora inconmensurables misterios en sus entrañas y quita el sueño a los osados hombres que no pueden resistirse a su encanto. Llullaillaco, hechicero de los sueños, permanecerá silente en su morada hasta que él decida quien romperá su encanto.

 

LOS SECRETOS DE LA MONTAÑA

Por Christian Vitry

Artículo publicado en la revista "Miradas : Artes, Ciencias y Creencias del Norte" . Nº 10, setiembre 1997. Salta , Argentina.

Sumergidos en el desértico paisaje puneño, transitábamos un grupo de andinistas con una meta clara, la cumbre del volcán Galán, de 6.000 metros de altura, una montaña ubicada en pleno desierto catamarqueño, la cual apenas se dibujaba en el horizonte cual espejismo inalcanzable. Absortos de silencio y sumergidos en nuestros pensamientos durante la fatigosa marcha, la calma y el equilibrio de la expedición se vieron alterados por un hecho que, en su momento, no llegué a comprender en lo más mínimo, pero que con el tiempo, se transformó en uno de esos tantos "momentos estelares" que jalonan la vida de las personas, momentos claves, únicos e irrepetibles, sendas bifurcadas por las que hay que optar. Hechos o frases que nos hacen reflexionar y meditar.

El refulgente sol del mediodía se reflejaba sobre el pardo y pedregoso terreno ígneo por donde caminábamos en pos de un objetivo deportivo, la cumbre. Para nosotros poco de especial tenía esta montaña, siendo el mayor atractivo el hecho de que no se la ascendía desde el año 1956 y lo "exótico" de la geografía. Llevábamos cuatro días de marcha, faltaban dos para llegar a la base y comenzar la ascensión. De repente, Victorino Séquila -el arriero que transportaba nuestros equipos en las mulas- nos comunicó que no seguiría avanzando con nosotros hasta la montaña, ese mismo día emprendería la retirada y nos pasaría a buscar unos días mas tarde. Desconcertados ante tal decisión consultamos a Victorino sobre las razones de su negativa a continuar y, grande fué la sorpresa cuando dijo: "no sigo por que el cerro se enoja"... ignorantes y etnocéntricos optamos por una respuesta y reacción casi burlesca, intentando vanamente convencer a Victorino sobre la inofensividad del cerro; de nada sirvieron las ofertas monetarias y las horas de diálogo tratandole de explicar que nuestra expedición podía fracasar por su postura (para nosotros ridícula, para él trascendental.).

Pensábamos y repetíamos "el cerro se enoja...", lindo pretexto para quedar a la deriva en pleno desierto, claro, nuestra "civilizada" y "moderna" concepción del planeta nos tornaba impermeables a cualquier otra interpretación de las cosas. Confundidos y sin entender nada, debimos proseguir la marcha cargando las pesadas mochilas un par de días hasta arribar a la base. La expedición tuvo éxito deportivo, pero del otro tema no se volvió a hablar. A dieciseis años de aquel acontecimiento sigo pensando en lo ocurrido, y admirando cada vez más a Victorino Séquila.

No hace mucho tiempo, en una expedición realizada al nevado de Acay, dialogaba con don Pedro Cruz -hombre de tez curtida, manos ásperas, pétrea mirada y profundos pensamientos- quien vive al pie del macizo y me comentaba muy preocupado sobre las consecuencias de la sequía y la imposibilidad de alimentar a sus llamas y ovejas, las cuales estaban cada vez mas escuálidas..."hace como siete años que no tenemos buena lluvia, los pastos escasean y no sabemos que vamos a hacer si sigue así el tiempo" - y entre labios, se deslizó una reflexión emanada desde lo mas profundo de sus convicciones culturales y religiosas- "...tal vez sea...[enmudeció por unos instantes] porque hace tiempo que no subimos a lo alto para ofrendar...".

Sobre sus espaldas pesaba la tradición de siglos, encontrándose en una ambigua situación que seguramente lo desestructuraba; por un lado, las explicaciones de los ingenieros y técnicos conocedores de las ciencias de la tierra; por otro, sus costumbres "paganas" de alimentar a la tierra con sangre, mediante un sacrificio, para que ella le devuelva los favores, comunión y comunicación íntima con las fuerzas telúricas que tanto repeta y practicaron por generaciones.

Otra experiencia de esta naturaleza la he vivenciado en el volcán Quewar, ubicado en el corazón de la Puna salteña. Sentada sobre una roca se encontraba una pastora junto a su hijita hilando un manojo de cobriza lana de llama, mientras cuidaba su rebaño en colaboración con los perros, fieles guardianes y compañeros. Luego de charlar un buen tiempo y habiedo yo sacado el tema de las ofrendas y la montaña, con total naturalidad y espontaneidad me contó que, cuando niña acompañaba a su padre a realizar las ofrendas a la montaña. Ella no habia llegado hasta la cima del volcán -donde se hacía la ceremonia- pero era muy común este tipo de actividades en Santa Rosa de los Pastos Grandes, desde donde salían rumbo al volcán. Con el tiempo, la actividad minera trajo consigo la "civilización" y, poco a poco se fue perdiendo esta tradición como tantas otras. El hecho es que, a pesar de no realizar en la actualidad ofrendas en la cima de la montaña, las hacen en el bajo, pero dirigiéndose a ella y para ella; porque es allí donde se establece el contacto directo con la Pachamama; es el cerro quien les entrega el líquido vital a través de sus vertientes, es quien atrae las lluvias y apacigüa los vientos, es el que esta mas próximo al sol y la luna, es la reprensentación de lo "sagrado" y es la montaña la que los protege de todo mal.

¿Qué representa en realidad la montaña para los andinos?. ¿Podremos acaso alguna vez deponer nuestra soberbia miopía y tratar de entender mínimamente la visión del "otro"?. Cuanta riqueza cultural poseemos e ignoramos, cuanta arrogancia sin sentido detentamos...

Galan, Acay, Quewar, Llullaillaco, Nevado de Castillo, Chañi, Cachi y una treintena más que se conocen solo en nuestra provincia, casi un centenar en el país y alrededor de doscientas en toda la cordillera de los andina. Montañas con restos arqueológicos que evidencian la profundidad en tiempo de estos rituales. Esa misma montaña que para algunos es una meta deportiva, para otros una fuente de minerales y de trabajo, un motivo paisajístico o tal vez no sea nada; es encambio para los andinos parte de su vida, tradición, cultura, religión. El escritor boliviano Fernando Diez Medina en su libro "NAYJAMA: Introducción a la mitología andina" resume deliciosamente el simbolismo de la montaña: "Fabulosa embriaguez creadora!

Hombre y cosmos, naturaleza y fantasía, religión y política, arte y sociedad fluyen simultáneos. Lo sidéreo y lo terrenal se unifican. Si el cielo estrellado contiene los prototipos del orbe terrestre, también de la Tierra Madre salen soles y astros. Y esa filosofía geognóstica halla su más alta expresión en la Montaña y en el signo escalonado que la expresa, porque la montaña liga tierra y cielo y reune al abismo con la estrella" (pág. 137).

Tratemos pues de profundizar un poco en este apasionante tema, tomando como referencia algunos estudios antropológicos e históricos realizados al respecto.

Independientemente del lugar geográfico, los hombres organizan su espacio, lo consagran, lo cargan de significado. Elementos naturales, acorde a las necesidades del momento, cobran mayor o menor relevancia, se crea una distinción entre lugares comunes, "profanos", diarios; y lugares "sagrados", únicos, mágicos, de uso ocasional-especial. Entonces apreciamos que un objeto sufre una transformación sin dejar de ser él mismo ya que continúa interactuando en la naturaleza (Elíade, 1994).

Una montaña se sacraliza y sigue siendo una montaña, nada -aparentemente- la distingue de las demás. Pero, para quienes la sacralizaron, su realidad de montaña se transmuta en realidad sobrenatural, dejando de ser lo que era y cobrando un simbolismo particular. Ya no está en el caos del universo, está marcando un punto fijo, un lugar en el espacio. Esta creación social del espacio es una constante en las diferentes culturas, quienes crean y recrean el "Centro del Mundo", traspolando y reproduciendo este modelo o imágen de mundo ideal en diferentes escalas y lugares. Los colonizadores españoles representan un ilustrativo ejemplo de ello; cuando planificaron urbanísticamente las ciudades lo hicieron con el modelo de damero que tenían en su terruño, así también la designación, distribución y los tipos de solares; cuando cultivaron los campos, tiraron por tierra miles de años de experiencia indígena e impusieron sus métodos y técnicas, así también despojaron a las llamas de su hábitat natural para introducir ovejas y cabras que, aunque poco adaptadas al hostil medio altiplánico, reemplazaron a las especies americanas. Todo esto refleja la necesidad de vivir mas cerca del "Centro del Mundo", es decir, del mundo ideal creado socialmente por esa cultura y reroducido en cuanto lugar ocupe.

En esta organización o recreación del centro del mundo existen elementos que vinculan lo celestial con lo terrenal, "lo sagrado con lo profano" (ibid.). Uno de estos elementos es justamente LA MONTAÑA, tratándose de un fenómeno mas generalizado de lo que se suele pensar; por ejemplo en la India el Monte Meru es sagrado; en Irán es la montaña llamada Haraberezaiti; el Monte de los Paises en Mesopotamia; en Palestina el Monte Gerizín; en México el Popocatelpetl y la mayoría de las montañas del Himalaya, solo por mencionar algunos casos.

La idea generalizada parece ser que, señalan el punto mas alto del mundo (el mundo de cada cultura, el centro del mundo); en ese punto elevado se está mas cerca de los elementos adorados (sol, luna, rayos, arco iris, nubes, etc..); desde allí se tiene otra visión y perspectiva, impensada para la gente del llano. Ascender, significa trasladarse a otro nivel, estar en otro plano (no solo geográfico, sino también simbólico), penetrar en una especie de "región pura" o "sagrada" que trasciende al mundo profano. Estos lugares se transforman en "santuarios" o "puertas de los cielos", lugares de tránsito entre el cielo y la tierra, donde el espacio y el tiempo se sacralizan.

No es casual que en las cumbres de las montañas y cerros en general existan cruces. La mayoría son obra de los llamados "Extirpadores de Idolatrías", sacerdotes de la colonización y evangelización cuya misión era borrar toda evidencia de idolatría y religión indígena precolonial. Los cerros eran santuarios adorados, sobre ellos había que poner el símbolo de la nueva religión, el nuevo objeto a adorar, LA CRUZ; en otros casos se construyeron iglesias y templetes sobre la huacas (templos del ídolo o el mismo ídolo).

El tiempo ha transcurrido, y a pesar de todo, la tradición y algunas costumbres perduraron hasta nuestros días. A tres años del próximo siglo y del tercer milenio, en un mundo globalizado, computarizado, capitalizado, posmodernizado, contaminado y todos los "ados" que se nos ocurran, existen personas que establecen una íntima comunión con la naturaleza, que la respetan y conocen profundamente, personas que miran mas lejos y mas prundo que cualquiera de nosotros, habitantes de las urbes.

Pachamama (madre tierra), Tunupa (dios del trueno), Illapa (dios del rayo), Inti (sol), Quilla (luna), Pariacaca, Coquena, Libiac y otros tantos dioses que ordenaban y regulaban la vida social y espiritual de nuestros antepasados americanos y que, indirectamente lo siguen haciendo; seres sobrenaturales sincretizados en elementos materiales como nuestras montañas y todos los fenómenos naturales relacionados con ella. Dioses ecológicos y sociedades respetuosas del medio ambiente...LA MONTAÑA...cuántas riquezas y secretos atesora en sus entrañas y que poco sabemos de ella.

... "no sigo por que el cerro se enoja" ... Victorino Séquila, cuántos quisieramos tener tu entereza y convicción, tu respeto, humildad y sabiduría.