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La arqueología de alta montaña en México investiga los restos del pasado por arriba de 3,900 metros de altitud, justamente donde ya no pueden prosperar los bosques por las bajas temperaturas y la altura.
Desde siglos atrás las intervenciones en las altas montañas nacionales eran frecuentes, ya por motivos religiosos, como lo ha demostrado la arqueología, de persecución a idólatras durante el Virreinato como lo manifiestan las fuentes históricas, o económicos durante el siglo XIX con la explotación de hielo en el Pico de Orizaba y la Iztaccíhuatl y de azufre para el Popocatépetl. Todas estas actividades demuestran que las altas montañas eran accesibles, por lo tanto no es de sorprendernos que durante el siglo xix se sucedieran los trabajos científicos y que para inicios del siglo XX existiera un montañismo organizado. Para la década de 1930 todas las altas montañas del país habían sido declaradas parque nacional.

Grandes alturas por ascender y grandes distancias por recorrer en un clima con variaciones intempestivas. Y todo esto, para encontrar sólo algunos fragmentos de cerámica y lítica que para la mayoría parecen insignificantes, pero que para nosotros son trascendentales. Los recorridos por la montaña son extensos e intensos: superando cañadas con desniveles de 300m en un kilómetro; pasando por glaciares y arenales; soportando tormentas eléctricas, nevadas, y frío. En muchos casos, una exploración de dos o tres días por una ladera no ofrece resultados.
Las concentraciones de cerámica y/o lítica que definen un sitio arqueológico de alta montaña corresponden a concentraciones bien delimitadas en espacios muy reducidos y pequeños, lo cual parece paradójico frente a las proporciones del área de estudio. Buscamos –metafóricamente hablando– espacios confinados de 150m2 en montañas que ocupan 150km2, es una proporción de uno a mil, bien parece que buscamos agujas en un pajar.

Las técnicas y el equipo alpino especializado se hacen necesarios para superar travesías en terrenos agrestes. Bien es cierto que los feligreses de antaño no siguieron rutas técnicas, sin embargo no estamos obligados a seguir los caminos procesionales, y según nuestras necesidades debemos contar con la capacidad de respuesta para afrontar ciertos obstáculos del terreno.
Hace dieciocho años iniciamos sistemáticamente la prospección arqueológica, hemos logrado el registro de 73 sitios. La literatura especializada se ha incrementado, lo que ha motivado el interés de antropólogos, etnohistoriadores, y arqueólogos que se han sumado a la investigación. Aún quedan laderas por explorar, sin duda tendremos un aumento cuantitativo. Las actuales proporciones serán rebasadas. Pero paralelamente a este incremento, estamos ciertos que las nuevas generaciones de científicos que se dedican al estudio de las montañas harán aportaciones cualitativas al acervo.
|
|
Montaña |
Sitios |
Porcentaje |
Altitud |
|
1. |
Nevado de Toluca |
16 |
22 % |
4690 |
|
2. |
Iztaccíhuatl |
15 |
21 % |
5230 |
|
3. |
Pico de Orizaba |
13 |
18 % |
5610 |
|
4. |
La Malinche |
13 |
18 % |
4430 |
|
5. |
Ajusco |
5 |
7 % |
3930 |
|
6. |
Popocatépetl |
4 |
5 % |
5465 |
|
7. |
Cofre de Perote |
3 |
4 % |
4220 |
|
8. |
Sierra Nevada |
3 |
4 % |
4125 |
|
9. |
Tliltepetl |
1 |
1 % |
4585 |
Explore arqueológicamente cada una de las siguientes montañas:
|
Pico de Orizaba
|
Popocatépetl
|
Iztaccíhuatl
|
|
Nevado de Toluca
|
Tliltepetl
|
La Malinche
|
|
Cofre de Perote |
Sierra Nevada |
Ajusco |
Potencial en materiales arqueológicos: Los vestigios en la alta montaña están muy lejos de ser espectaculares. Lo espectacular es encontrar evidencia a tal altitud. Más aún, considérese lo difícil que es hallarlos por lo delimitado de las ofrendas, o porque eran enterradas sin dejar rastro. Y si queda alguna evidencia reflexionemos en el saqueo y la erosión. Su localización también se complica cuando están bajo la cobertura vegetal o nival. La pendiente representa otro factor en la dispersión de materiales. Así que en algunos casos, basta con unos cuantos fragmentos cerámicos o líticos para catalogar un sitio. Por cierto, algunos tiestos en superficie se aprecian tan erosionados que su clasificación se hace casi imposible:
|
|
Materiales |
Sitios |
|
1. |
Cerámica doméstica |
64 |
|
2. |
Cerámica ritual (decorada) |
38 |
|
3. |
Lítica, navajillas de obsidiana |
35 |
|
4. |
Montículo u alguna otra estructura |
15 |
|
5. |
Efigies cerámicas de Tlaloc |
8 |
|
6. |
Jadeita, chalchihuites |
8 |
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7. |
Xicalli, orificio en la roca |
7 |
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8. |
Copal y resinas |
6 |
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9. |
Tetzacualco |
5 |
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10. |
Instrumentos musicales |
4 |
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11. |
Cetros de madera, xihucoatl |
3 |
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12. |
Entierros |
3 |
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13. |
Púas de maguey para el neutzmanaliztli |
3 |
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14. |
Ídolos |
2 |
|
15. |
Pintura rupestre |
1 |
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16. |
Pizarra |
1 |
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17. |
Figurillas con ruedas |
1 |
|
18. |
Estela |
1 |
|
19. |
Cascabeles de cobre |
1 |
|
20. |
Petroglifos |
0 |
El registro arqueológico de alta montaña es la investigación central de mi tesis doctoral en Antropología Simbólica en la ENAH. Los resultados preliminares de este proyecto han merecido el Premio Nacional al Mérito Forestal 2002, promovido por la Comisión Nacional Forestal como parte de las actividades para conmemorar el Año Internacional de las Montañas, declarado así por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los subsidios para la exploración provienen del fondo de dicho premio, la beca del CONACYT al doctorado, y ocasionalmente los aportes de la Mesoamerican Research Foundation. Sin embargo, estas colaboraciones económicas no son suficientes, por lo que he recurrido al apoyo altruista de montañistas, arqueólogos voluntarios y ciudadanos preocupados por el patrimonio cultural del país.
La ubicación e información detallada
de los sitios
arqueológicos de alta montaña es confidencial en los términos
de prevenir algún plagio al Patrimonio Nacional. Pero
si usted desea
mayor información con fines académicos solicítelo a:
arturo@montero.org.mx
Actualizado en mayo de 2003