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Estos cerros, o mejor dicho viejos volcanes comprenden la denominada Sierra Nevada que junto con el Popocatépetl e Iztaccíhuatl conforman una cordillera de más de 70 Km de longitud orientada norte-sur al este de la Ciudad de México. Las cimas del Tlaloc 4,125 m, el Telapón 4,065 m, y el Papayo 3640 m conforman el extremo norte de la serranía al que se denomina Sierra de Río Frío. El Tlaloc y el Telapon se formaron hace 5 millones de años a finales del Mioceno, terminando su formación a principios del Pleistoceno hace dos millones de años. Más reciente es el cerro Papayo que aún conserva su forma cónica pese a estar rodeado de un flujo de andesitas. Todas estas cimas son el producto de efusiones andesíticas y dacíticas a través de estratovolcanes, que en el curso de su dramática actividad crearon extensos abanicos volcánicos que son las lomas al pie de esta sierra. Las lavas de estos edificios son característicamente porfídicas

Limitando la urbe de la Ciudad de México las elevaciones del Cerro Tlaloc a la izquierda y el Cerro Telapón a la derecha
En la cima del cerro Tlaloc, se encuentra el sitio arqueológico más extraordinario de la alta montaña en México, no obstante, que sus 4,125 m por altitud no pueden impresionarnos en mucho, si lo es su amplia calzada y estructuras. El sitio está ampliamente documentado por Durán, y es citado por Sahagún, Clavijero, y Torquemada entre otros, esto habla de su importancia.
Alrededor de 1929 la cumbre fue investigada por Rickards, posteriormente en 1953 por Wicke y Horcasitas; Iwaniszewski y Montero en 1984 por el proyecto de Arqueología de Alta Montaña del IIA—UNAM, para principios de la década de 1990 por Felipe Solís y Townsend, y más recientemente por Rubén Morante e Ivan Šprajc. De los primeros trabajos se desprenden los planos del sitio, y de Iwaniszewski, Morante y Šprajc los trabajos arqueoastronómicos de la estructura y la calzada, esta última se encuentra desviada al eje de la estructura por 8º con orientación al oeste en dirección al Templo Mayor de la Ciudad de México. Esta desviación de la calzada corresponde a la salida solar por el centro del adoratorio para el día de equinoccio. Destaca además la formación de un eje visual desde el Monte Tláloc, con La Malinche y el Pico de Orizaba al oriente con referencia a la salida del sol para el día en que se iniciaban los nomotemi, y en que terminaba el año azteca

Aspecto del adoratorio rectangular en la cima del Monte Tlaloc al que concurría la nobleza azteca
Fray Diego Durán detalla el sacrificio de niños en la cima del Monte Tláloc (srf-01), para el mes de Uey Tozoztontli. Era una celebración afamada en toda la cuenca de México, porque a ella asistía la clase gobernante.
10. Enderezábase esta fiesta para pedir buen año, a causa de que ya el maíz que habían sembrado estaba todo nacido. Acudían a celebrarla –como dije– el gran rey Motecuhzoma, al monte referido, con todos los grandes de México, de caballeros y señores, y toda la nobleza de él venía...
11. Para los cuales señores se hacían grandes y vistosas chozas y ramadas, conforme a la calidad de las personas pertenecían, de tan poderosos reyes y señores y tan temidos y reverenciados, haciendo para cada rey y parcialidad, en distintos lugares del monte, casas pajizas, con sus retretes y apartados, como cosa que hubiera de ser durable, y todos a la redonda de aquel gran patio que dije había en lo alto.
12. De donde el día, luego en amaneciendo, salían todos estos reyes y señores, con toda la demás gente, y tomaban un niño de seis o siete años y metíanlo en una litera, por todas partes cubierto, que nadie no le viese, y poníanlo en los hombros de los principales y, puestos todos en ordenanza, iban como en procesión hasta el lugar del patio, al cual lugar llamaban tetzacualco. Y llegados allí, delante la imagen del ídolo Tláloc mataban aquel niño, dentro en la litera, que nadie no le veía, al son de muchas bocinas y caracoles y flautillas. Mataban este niño los mesmos sacerdotes de este ídolo.
13. Después de muerto (el niño), llegaba el rey Motecuhzoma con todos sus grandes y gente principal, y sacaban un aderezo y rico vestido para el ídolo y, entrando donde el ídolo estaba, él mesmo con su propia mano le ponía en la cabeza una corona de plumas ricas y luego le cubría con una manta, la más costosa que podía haber y galana, de muchas labores de plumas y figuras de culebras; en ella poníanle un ancho y grande braguero ceñudo, no menos galano que la manta, echándole al cuello piedras de mucho valor y joyeles de oro; poníanle ricas ajorcas de oro y piedras y a las gargantas de los pies, y juntamente vestía a todos los idolillos que estaban junto a él.
14. Acabado Motecuhzoma de vestir al ídolo y de ofrecer delante de él muchas y muy ricas cosas, entraba luego el rey de Tezcoco Nezahualpilli, no menos cercado y acompañado de grandes y señores y llevaba otro vestido a la mesma manera y aun si en algo se podía aventajar, se aventajaba, y vestía al ídolo muy costosamente y a los demás idolillos, excepto que la corona no se la ponía en la cabeza, empero colgábasela al cuello, a las espaldas y salíase.
15. Entraba luego el rey de Tlacopan con su vestido y ofrenda y, a la postre, el de Xochimilco, acompañado con todos los demás, con otro vestido muy rico...
19. Acabadas todas estas cerimonias bajábanse todos al poblado a comer, porque no podían comer allí en aquel lugar, teniendo en ello superstición y agüero. Y así, acá en los pueblos cercanos tenían muy bien aderezada la comida, con mucha abundancia y suntuosidad, conforme a reyes y príncipes y grandes señores, volviéndose cada uno a su ciudad.
20. Cuando alguno de los reyes estaba impedido por alguna urgente necesidad, que no podía ir en persona, enviaba su lugarteniente o delegado, con todo el aparato dicho y ofrenda, para que ellos en su nombre lo ofreciesen e hiciesen todas las demás cerimonias que hemos contado. Lo cual todo concluido, constituían una compañía de cien soldados, de los más valientes y valerosos que hallaban, con un capitán, y dejábanlos en guarda de toda aquella rica ofrenda y abundante comida que allí se había ofrecido, a causa de que los enemigos, que eran los de Huexotzinco y Tlaxcala no la viniesen a robar y saltear.
Respecto al Cerro El Telapón (SRF-02) en su cima se presenta un altar para celebrar misa y una magna estatua del Sagrado Corazón de Jesús, cruces y placas conmemorativas han alterado la superficie natural del sitio, no obstante es posible observar material cerámico prehispánico y restos de obsidiana.
El Cerro el Papayo (SRF-03) por su altitud comparada con los grandes macizos de la misma sierra, podríamos decir que es una cima modesta. No obstante, cuando observamos la Sierra Nevada desde cualquier lugar en la Cuenca de México, resalta el Cerro el Papayo por su forma cónica y su aparente aislamiento de otros cerros, esto ha permitido su fácil uso como indicador para distintos eventos rituales, astronómicos y calendáricos desde el Preclásico con Cuicuilco y su importancia para Tenochtitlan y el Zacahuitzco en el Tepeyac durante el Posclásico. Jesús Galindo manifiesta la importancia del Papayo por su combinación con la salida del sol observada en ciertas fechas desde: 1) el cerro Zacahuitzco próximo a la Villa de Guadalupe para el 22 de diciembre que es solsticio de invierno; 2) la pirámide de Cuicuilco para el equinoccio medio los días 20 de septiembre y 23 de marzo; y 3) el Templo Mayor para el 6 de febrero, cuando el disco solar observado desde el Templo Mayor señala por medio del Cerro Papayo el fin del año y el comienzo de los cinco días aciagos, los Nemontemi. En su cima se detecto un sitio (SRF-03) en donde fueron encontrados materiales arqueológicos como cerámica y lítica dispersa.