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El volcán Nevado de Toluca o Xinantecatl presentó su última fase eruptiva en el Pleistoceno, hace 30,000 años, después de la formación del estrato-volcán se bloqueo la chimenea, produciendo una fuerte explosión por incremento de presión. Prosiguió un lapso de inactividad que sólo fue interrumpida por una pequeña erupción de piedra pómez. Posteriormente el volcán sufrió una segunda erupción violenta, surgida del centro del cráter preexistente. Finalmente un domo lávico de 100 m de altura conocido como Cerro el Ombligo bloqueó el respiradero del volcán presentándose así la forma en que lo conocemos actualmente. El cono del volcán presenta dos cuerpos de agua: la laguna del Sol y la laguna de la Luna, estos cuerpos de agua se formaron al quedar tapada la boca eruptiva. Ambos embalses quedan ubicados dentro del término común de “lagos” y se consideran entre los embalses perennes más altos del mundo con 4,210 m/nm.

El Nevado de Toluca en su flanco nordeste muestra la ubicación de sus sitios arqueológicos
Lo extraordinario de estos cuerpos de agua hizo que fueran reverenciados por los naturales desde tiempos remotos, Fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI reseña lo que para él era la idolatría que ahí prevalecía:
Hay otra agua donde también solían sacrificar, que es en la provincia de Toluca, cabe el pueblo de Calimaya; es un monte alto que tiene encima dos fuentes, que por ninguna parte corren, y el agua es clarísima y ninguna cosa se cría en ella, porque es frigidísima. Una de estas fuentes es profundísima; parecen gran cantidad de ofrendas en ella, y poco ha que yendo allí religiosos a ver aquellas fuentes, hallaron que había ofrenda allí, reciente ofrecida de papel y copal y petates de pequeñitos, que había muy poco que se habían ofrecido, que estaba dentro del agua. Esto fue en el año de 1570, o cerca de por allí y el uno de los que la vieron fue el P. F. Diego de Mendoza, el cual era al presente Guardián de México, y me contó lo que había visto.
Afortunadamente la celosa labor de los guardabosques del Parque Nacional Nevado de Toluca ha frenado la actividad de un buceo dudosamente deportivo que degeneró en el saqueo de multitud de ofrendas de copal, rayos ceremoniales de madera, y figurillas de estos dos lagos. Según algunas fuentes y el investigador subacuático Guzmán Peredo, el copal era depositado sobre la superficie de la laguna, este flotaba y posteriormente se hundía variando así su ubicación. Si consideramos la gran cantidad de saqueos y la presencia aún de copal, que por más de 30 años fue hurtado, podremos considerar la cantidad de elementos depositados en las lagunas. Es interesante resaltar el hecho de que aún en fechas recientes, los vecinos de la montaña continúen depositando piezas de copal para garantizar un ciclo climático óptimo para sus labores agrícolas.
Aspecto de la Laguna de la Luna, que es la de menor tamaño al interior del cráter
Tanto en las orillas de los lagos como en su interior, se pueden rastrear restos cerámicos y líticos, tenemos así dos sitios arqueológicos: la Laguna del Sol (NT-08) y la Laguna de la Luna (NT-07); entre las dos lagunas, el sitio Xicotepec (NT-02), por encima del Cerro el Ombligo a 4,330 m/nm donde se hallaron gran cantidad de fragmentos de obsidiana verde pertenecientes a navajillas prismáticas y restos de cerámica policroma provenientes de pozos de saqueo. En referencia a la cerámica cabe mencionar que presenta decorados de variadas técnicas, este hecho es singular, pues de todo el material de superficie observado en el volcán no se encontró tal calidad y cantidad en los terminados y decorados.
Sobre la arista norte del cráter se localizaron tres sitios. Pico Sahagún (NT-01) en el extremo oriental a 4,430 m donde se hallaron fragmentos cerámicos burdos, sin decoración y muy erosionados en un radio no mayor de 20 m, destaca la posible alineación con la zona arqueológica de Teotenango desde donde se aprecia como el pico más prominente de la montaña; un kilómetro al sur del Pico Sahagún, los Picos Heilprin Norte y Sur (NT-04 y 05), cada uno con material arqueológico, ambos conforman un marcador de horizonte para la salida del sol observada desde el sitio El Mirador (NT-03) para el día de paso cenital del sol según cálculos recientes. Resalta el hecho de que el sitio NT-03 fue un observatorio para astronomía solar, de este sitio en 1962, Otto Schöndube rescató de la erosión y el deterioro una estela (aparece en la parte superior de esta página) a la que he interpretado con una función relacionada con el calendario y la astronomía, ya que funcionaba para delimitar el punto de observación en la memoria colectiva de una estructura de larga duración, que como una información pasiva se reactivaba cuando entraban en relación con el paisaje circundante. Actualmente la pieza se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico de Teotenango.

Distribución relativa de los sitios arqueológicos del Chicnauhtécatl
En la parte central de la arista norte del cráter, el sitio El Portillo (NT-06) a 4,280 m, ahí se detectaron fragmentos cerámicos muy erosionados. Sobre el drenaje del flanco norte de la montaña se descubrieron en 1989, 4 sitios. Geomorfológicamente el área es un gran abanico conformado en su porción superior por afluentes primarios que nacen en los altos picos y aristas; en su parte media apreciamos un gran cono aluvial compuesto de morrenas sobre las cuales se acumulan en invierno las nevadas; en su fragmento inferior toma cuerpo una cañada por la que corre el arroyo Cano. El sitio de más altura de este flanco es el Pico Noreste (NT-09) a 4,130 m se ubica por debajo del pico del mismo nombre, en una pequeña plataforma sobre drenajes primarios con escasa cerámica perteneciente a vasijas muy erosionadas y fragmentadas; al oriente, el sitio La Estructura (NT-11) a 3,910 m, sitio detectado por denuncia de los guardabosques, en el lugar se aprecia el único elemento arquitectónico de toda la montaña, consta de un conjunto de piedras, algunas trabajadas y con relieves, la forma de la estructura por el saqueo es ya irreconocible, no obstante, estimamos que es diferente a las halladas en el Iztaccíhuatl y en el Cerro Tlaloc; por debajo, el sitio Arroyo Cano (NT-12) a 3,700 m con fragmentos de cerámica en un área bien delimitada de 100 m2, en un inicio pensamos que el material provenía de un segmento más alto y que los restos habían sido acarreados por la pendiente, pero al ascender no encontramos mayores evidencias, lo cual significa que los materiales eran depositados en las orillas del cause del arroyo; el sitio Los Cantiles (NT-13) a 3,700 m es un abrigo rocoso de escasa superficie, es un lugar húmedo con múltiples filtraciones asociadas a helechos, líquenes y otros vegetales propios de lugares húmedos y oscuros. Por referencias de ganaderos locales sabemos que no es el único lugar con evidencias arqueológicas, se nos informó que en la amplia línea de cantiles de más de un kilómetro de longitud de esta cañada entre los 3,700 y 3,500 m en su flanco oeste se encuentran múltiples abrigos rocosos con material de superficie. Sobre esta cota el arroyo tiene una distancia entre sus bordes de casi 700 m denotando así un amplio valle.
En el flanco occidental la Cueva de Cerro Prieto (NT-10). Es un abrigo rocoso que se localiza por debajo de la cima homónima a 4,050 m entre cantiles de más de 60 m de altura. La cueva tiene 20 m de longitud por 6 m de ancho en su acceso, al interior se localizaron en 1989 evidencias de ritual moderno como plumas de ave en color negro y anaranjado, cascarones de pollo, veladoras en vasos de cristal con parafinas de color ámbar, restos de ofrendas florales, fragmentos de cerámica pertenecientes a platos, vasijas e incensarios con forma de copa en color negro y textura vidriada; además de tiestos prehispánicos con formas de cajetes y vasijas trípodes. Lo anterior se ve completado por restos de múltiples fogatas y leños que hacen suponer que el sitio es utilizado ocasionalmente para pernoctar. Resalta la ausencia de un altar, cruces o representaciones de santos y vírgenes propias del catolicismo, tan comunes en todos los centros rituales modernos de montaña, lo que orientó a suponer en un principio que se realizan actividades de brujería de sierra. Esta ausencia de elementos católicos ponía en duda la elaboración de rituales climáticos como los efectuados en la Cuenca de México, donde son instrumentos indispensables la cruz y las consagradas imágenes católicas. Sin embargo, durante la tercera prospección efectuada a la montaña el 5 de febrero de 1989, como resultado de la investigación etnográfica conocimos el hecho de que las ceremonias no son de “brujería”, ya que el objetivo es de optimización climática, y que utilizan en su rito elementos del culto católico que transportan desde sus parroquias de origen. Las ceremonias se realizan entre marzo y abril, continuando hasta que se presentan las primeras lluvias. Estos rituales comprenden una peregrinación por la montaña hasta llegar a la cueva, durante la procesión se realizan cánticos y oraciones a una escultura de San Miguel Arcángel, venerada en la iglesia de San Miguel Oxtotilpan, al llegar a la cueva, el ritual consiste en depositar las ofrendas. Un hecho característico y singular con respecto a otras liturgias investigadas es que aquí, los campesinos crean un arquetipo de sus campos trazando en el piso de la cueva un rectángulo al interior del cual marcan líneas paralelas a manera de arado, queriendo así significar sus campos agrícolas, posteriormente le riegan agua a manera de lluvia, dando así a entender sus deseos por una temporada favorable. En mayo de 2003 regresé a la cueva, ahora el ritual presentaba una cruz, la Santa Cruz del Xinantecatl, sin duda en 14 años los procesos rituales habían cambiado.
En 1995, con los alumnos del curso de arqueología de alta montaña de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) se concluyó la prospección del flanco suroriental, detectándose dos sitios más. Las Cuevas de Arroyo Grande (NT-14) y Arista Ciénega (NT-15). Las Cuevas de Arroyo Grande están en la base de los cantiles del arroyo del mismo nombre a 4,000 m en las cavidades se encontraron restos cerámicos prehispánicos y elementos de culto contemporáneo; por arriba de las oquedades en una arista a 4,130 m un fragmento lítico medianamente trabajado determinó la ubicación del sitio Arista Cienaga, posiblemente había mayores evidencias pero la fuerte erosión ha borrado toda huella. Finalmente en el año 2002 se descubrió otro sitio al sur de la Laguna de la Luna donde nos percatamos de pequeños fragmentos de cerámica muy erosionados.
La Santa Cruz del Xinantecatl, Cueva de Cerro Prieto, mayo de 2003
La toponímica del Nevado de Toluca ha generado acaloradas discusiones, se le conoce oficialmente como Xinantecatl, nombre de raíz náhuatl, pero Xinantecatl no es de uso tradicional como Popocatépetl. Aparece por primera vez en publicaciones de 1854, fue una voz que nació y se difundió en una época en que empezaba a ponerse en boga el rescate, e incluso la siembra de topónimos nahuas. Casi nadie entendió el toponímico, y hubo que idearle significados tan extravagantes como “Señor desnudo”. Romero Quiroz, concluyó que se trató de una derivación de Tzinacantecatl, gentilicio correspondiente al pueblo cercano de Zinacantepec, el Cerro del Murciélago. En testimonios disponibles de la época colonial temprana que se apoyan en evidencias prehispánicas sólo aparece el nombre de Chicnauhtécatl o la variante Chicnahuitécatl. La voz Chicnauhtécatl está respaldada por dos fuentes muy confiables: la Relación de Temascaltepec, de 1585, y la obra de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl de 1625. La primera dice, a mayor abundamiento, que Chicnauhtécatl significa “Nueve Cerros”, el nombre se asocia estrechamente al de Chicnahuapan, “Nueve Aguas” o “Nueve Manantiales”, topónimo náhuatl del río Lerma, de modo que hay un referente común en ambos. La evidencia es inequívoca en cuanto que el Nevado de Toluca se identificaba como Chicnauhtécatl y esta voz, es la más próxima que conocemos a lo que probablemente fue el topónimo náhuatl prehispánico del Nevado de Toluca.