Ajusco

Nevado de Toluca (Chicnauhtecatl)

Nueve cerros

Altitud 4690 m/nm
Ubicación φ 19° 16´ 04.4” - λ 99° 46´ 02.4” (cima)
Arqueología 18 sitios registrados
Entidad México
Decreto 25 de enero de 1936, como parque nacional
Superficie 46784 hectáreas

La toponímica del Nevado de Toluca ha generado acaloradas discusiones, se le conoce oficialmente como Xinantecatl, nombre de raíz náhuatl, pero Xinantecatl no es de uso tradicional como Popocatépetl. Aparece por primera vez en publicaciones de 1854, fue una voz que nació y se difundió en una época en que empezaba a ponerse en boga el rescate, e incluso la siembra de topónimos nahuas. Casi nadie entendió el toponímico, y hubo que idearle significados tan extravagantes como “Señor desnudo”. Romero Quiroz, concluyó que se trató de una derivación de Tzinacantecatl, gentilicio correspondiente al pueblo cercano de Zinacantepec, el Cerro del Murciélago. En testimonios disponibles de la época colonial temprana que se apoyan en evidencias prehispánicas sólo aparece el nombre de Chicnauhtécatl o la variante Chicnahuitécatl. La voz Chicnauhtécatl está respaldada por dos fuentes muy confiables: la Relación de Temascaltepec, de 1585, y la obra de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl de 1625. La primera dice, a mayor abundamiento, que Chicnauhtécatl significa “Nueve Cerros”, el nombre se asocia estrechamente al de Chicnahuapan, “Nueve Aguas” o “Nueve Manantiales”, topónimo náhuatl del río Lerma, de modo que hay un referente común en ambos. La evidencia es inequívoca en cuanto que el Nevado de Toluca se identificaba como Chicnauhtécatl y esta voz, es la más próxima que conocemos a lo que probablemente fue el topónimo náhuatl prehispánico del Nevado de Toluca. En matlatzinca: Nro’maani Nechhútatá, Casa del dios de las aguas. En otomí: Tastobo, Montaña blanca, de tasi, blanco, y tobo, montaña.

Fotografía del cráter tomada desde el Pico El Fraile, en el horizonte se aprecian la Iztaccíhuatl y el Popocatépetl (2008).

Se observa el domo central El Ombligo entre los lagos El Sol y La Luna. El cráter es de forma elíptica y abierto hacia el este, mide 2 x 1.5 km; el desnivel de la laguna a los picos más altos es de 500 m, formando ángulos cercanos a los 60° y paredes verticales. Las laderas del volcán se caracterizan por un relieve accidentado con pendientes entre 12º y 50º. La porción sureste se encuentra integrada por valles profundos que desembocan hasta al Río Chontalcoatlán, y de ahí al Río Balsas. En la esquina superior derecha, a más de 125 Km. se aprecian los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Geología

Originalmente se construyó de flujos y depósitos de piroclastos. Sobre ese antiguo estratovolcán hace 25 mil años, producto de una gran erupción surgió el moderno edificio con una amplia dispersión de lahares, al que le siguieron eventos de menor magnitud con emanaciones de piedra pómez según datos obtenidos por radiocarbono. Hace 11600 años se aprecia un segundo evento del tipo pliniano surgido del centro del cráter al incrementarse la presión por el bloqueo de la chimenea, fue de tal violencia esta explosión que sus productos cubrieron un área de 1700 km2; ambos eventos sugieren que originalmente el Nevado de Toluca fue de mayores magnitudes de lo que hoy es el Popocatépetl. Finalmente un domo lávico de 100 m de altura conocido como El Ombligo bloqueó el respiradero del volcán presentándose así la forma en que lo conocemos actualmente. Los productos eruptivos más jóvenes se fecharon con 3300 años antes del presente. El Nevado de Toluca es un estratovolcán poligenético que ha soportado gran corrosión, lo que le ha hecho perder su forma cónica original, su composición geológica básicamente se reduce a andesitas, tefra-andesitas y dacitas.

Arqueología

Al interior del cráter encontramos dos cuerpos de agua, las lagunas del Sol y de la Luna, estos lagos se formaron al quedar tapada la boca eruptiva. Ambos embalses quedan ubicados dentro del término común de “lagos” y se consideran entre los embalses perennes más altos del mundo con  4,210 m/nm. Lo extraordinario de estos lagos hizo que fueran reverenciados por los indígenas desde tiempos remotos.

Distribución de sitios arqueológicos al interior del cráter del Nevado de Toluca,
el lago de mayores dimensiones de conoce como Laguna del Sol y el de menor tamaño,
Laguna de la Luna (A. Boneta, 2002).

Fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI reseña la idolatría que ahí prevalecía

Hay otra agua donde también solían sacrificar, que es en la provincia de Toluca, cabe el pueblo de Calimaya; es un monte alto que tiene encima dos fuentes, que por ninguna parte corren, y el agua es clarísima y ninguna cosa se cría en ella, porque es frigidísima. Una de estas fuentes es profundísima; parecen gran cantidad de ofrendas en ella, y poco ha que yendo allí religiosos a ver aquellas fuentes, hallaron que había ofrenda allí, reciente ofrecida de papel y copal y petates de pequeñitos, que había muy poco que se habían ofrecido, que estaba dentro del agua. Esto fue en el año de 1570, o cerca de por allí y el uno de los que la vieron fue el P. F. Diego de Mendoza, el cual era al presente Guardián de México, y me contó lo que había visto.

Afortunadamente la celosa labor de los guardabosques del Parque Nacional Nevado de Toluca ha frenado la actividad de un buceo dudosamente deportivo que degeneró en el saqueo de multitud de ofrendas de copal, rayos ceremoniales de madera, y figurillas que contenían estos dos lagos. Según algunas fuentes y el investigador subacuático Guzmán Peredo, el copal era depositado sobre la superficie de la laguna, este flotaba y posteriormente se hundía variando así su ubicación. Si consideramos la gran cantidad de saqueos y la presencia aún de copal, que por más de 30 años fue hurtado, podremos considerar la cantidad de elementos depositados en las lagunas. Es interesante resaltar el hecho de que aún en fechas recientes, algunos vecinos devotos de la montaña continúen depositando piezas de copal para garantizar un ciclo climático óptimo para sus labores agrícolas.

Aspecto de la Laguna de la Luna, que es la de menor tamaño al interior del cráter.

Tanto en las orillas de los lagos como en su interior, se pueden rastrear restos cerámicos y líticos, tenemos así dos sitios arqueológicos: la Laguna del Sol (NT-08) y la Laguna de la Luna (NT-07); entre las dos lagunas, el sitio Xicotepec (NT-02), por encima del Cerro el Ombligo a 4,330 m/nm donde se hallaron gran cantidad de fragmentos de obsidiana verde pertenecientes a navajillas prismáticas y restos de cerámica policroma provenientes de pozos de saqueo.

Distribución relativa de los sitios arqueológicos del Chicnauhtécatl (Montero, 2009).

Sobre la arista norte del cráter se localizaron tres sitios. Pico Sahagún (NT-01) en el extremo oriental a 4,430 m/nm donde se hallaron fragmentos cerámicos burdos, sin decoración y muy erosionados en un radio no mayor de 20 m, destaca la posible alineación con la zona arqueológica de Teotenango, desde Teotenango este pico se aprecia como la cima más prominente de la montaña; un kilómetro al sur del Pico Sahagún, los Picos Heilprin Norte y Sur (NT-04 y 05), cada uno con material arqueológico, ambos conforman un marcador de horizonte para la salida del sol observada desde el sitio El Mirador (NT-03) para el día de paso cenital del Sol según cálculos recientes. Resalta el hecho de que el sitio NT-03 fue un observatorio para astronomía solar, de este sitio en 1962, Otto Schöndube rescató de la erosión y el deterioro una estela a la que he interpretado con una función calendárica y astronómica. Actualmente la pieza se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico de Teotenango. Si desea conocer más sobre los estudios arqueoastronómicos realizados en el Nevado de Toluca visite www.montero.org.mx/cenital.htm

En el borde norte del cráter a 4330 m/nm fue encontrada esta pieza en 1962, se le conoce como la Estela del Nevado de Toluca, corresponde a la cultura de Teotenango del período Epiclásico (600-900 d. C.), su función era astronómica pues marcaba el punto de observación desde donde se veía salir el Sol salir para el día de paso cenital entre los picos Heiplrin.

En la parte central de la arista norte del cráter, el sitio El Portillo (NT-06) a 4,280 m/nm, ahí se detectaron fragmentos cerámicos muy erosionados. Sobre el drenaje del flanco norte de la montaña se descubrieron en 1989, 4 sitios. Geomorfológicamente el área es un gran abanico conformado en su porción superior por afluentes primarios que nacen en los altos picos y aristas; en su parte media apreciamos un gran cono aluvial compuesto de morrenas sobre las cuales se acumulan en invierno las nevadas; en su fragmento inferior toma cuerpo una cañada por la que corre el arroyo Cano. El sitio de más altura de este flanco es el Pico Noreste (NT-09) a 4,130 m/nm se ubica por debajo del pico del mismo nombre, en una pequeña plataforma sobre drenajes primarios con escasa cerámica perteneciente a vasijas muy erosionadas y fragmentadas; al oriente, el sitio La Estructura (NT-11) a 3,910 m/nm, sitio detectado por denuncia de los guardabosques, en el lugar se aprecia el único elemento arquitectónico de toda la montaña, consta de un conjunto de piedras, algunas trabajadas y con relieves, la forma de la estructura por el saqueo es ya irreconocible, no obstante, estimamos que es diferente a las halladas en el Iztaccíhuatl y en el Monte Tláloc; por debajo, el sitio Arroyo Cano (NT-12) a 3,700 m/nm con fragmentos de cerámica en un área bien delimitada de 100 m2, en un inicio pensamos que el material provenía de un segmento más alto y que los restos habían sido acarreados por la pendiente, pero al ascender no encontramos mayores evidencias, lo cual significa que los materiales eran depositados en las orillas del cauce del arroyo; el sitio Los Cantiles (NT-13) a 3,700 m/nm es un abrigo rocoso de escasa superficie, es un lugar húmedo con múltiples filtraciones asociadas a helechos, líquenes y otros vegetales propios de lugares húmedos y oscuros. Por referencias de ganaderos locales sabemos que no es el único lugar con evidencias arqueológicas, se nos informó que en la amplia línea de cantiles de más de un kilómetro de longitud de esta cañada entre los 3,700 y 3,500 m/nm en su flanco oeste se encuentran múltiples abrigos rocosos con material de superficie. Sobre esta cota el arroyo tiene una distancia entre sus bordes de casi 700 m denotando así un amplio valle.

En el flanco occidental la Cueva de Cerro Prieto (NT-10). Es un abrigo rocoso que se localiza por debajo de la cima homónima a 4,050 m/nm entre cantiles de más de 60 m de altura. La cueva tiene 20 m de longitud por 6 m de ancho en su acceso, al interior se localizaron en 1989 evidencias de ritual moderno de las peregrinaciones que portando una imagen de San Miguel Arcángel provienen de San Miguel Oxtotilpan en su ruta de ascenso a las lagunas del Sol y la Luna al interior del cráter. Un hecho característico y singular con respecto a otras liturgias investigadas es que aquí, los campesinos crean un arquetipo de sus campos trazando en el piso de la cueva un rectángulo al interior del cual marcan líneas paralelas a manera de arado, queriendo así significar sus campos agrícolas, posteriormente le riegan agua a manera de lluvia, dando así a entender sus deseos por una temporada favorable. En mayo de 2003 regresé a la cueva, ahora el ritual presentaba una cruz, la Santa Cruz del Xinantecatl, sin duda en 14 años los procesos rituales habían cambiado.

La Santa Cruz del Xinantecatl, Cueva de Cerro Prieto, mayo de 2003.

Trabajos arqueológicos recientes

Durante el mes de mayo de 2007, la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, coordinó un proyecto interdisciplinario en esta montaña. Destacaron dos campos de acción, el primero correspondió a la excavación arqueológica realizada a las orillas de las lagunas; y el segundo fueron los trabajos de arqueología subacuática en las lagunas del Sol y la Luna.

En tierra se excavaron siete pozos: cinco a las orillas de la Laguna de la Luna, otro en la Laguna del Sol y el último en el cerro que se encuentra entre ambos embalses el Cerro el Ombligo.  La estratigrafía muestró estratos muy delgados y con poco material, si consideramos que la dinámica de las aguas ejerce cambios en estos espacios que se alternan de anegados a secos según la temporada de lluvias y secas, y que la mayoría de la cerámica aparece meteorizada y fragmenta entenderemos que no son el mejor indicador para determinar una cronología. Más aún, el espacio que ofreció el material cerámico más característico a la orilla de la Laguna de la Luna, presentó una estratigrafía alterada, posiblemente resultado de una remoción del terreno tardía, porque encontramos una munición de plomo del siglo XVI en un estrato inferior. Cuando se intentó excavar a más profundidad, estos y los demás pozos se inundaron por su proximidad a los cuerpos de agua. En el caso del Cerro el Ombligo, no se encontraron materiales arqueológicos durante la excavación, pues afloramientos de rocas dejan pocas posibilidades de contener materiales. Si bien es cierto que hay carencias en la cerámica y en la lítica, eso no lo podemos decir del copal, las púas de maguey, y los cetros de madera, que se recuperaron del fondo de las lagunas.

Alumnas de arqueología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia se sobreponen al clima adverso
al realizar trabajos de excavación en la cima del Cerro El Ombligo.

Considerando que en el Altiplano central registramos diez altas montañas, apreciamos divergencias en los registros arqueológicos. Destaca en este sentido lo particular del Nevado de Toluca con su copal, cetros de madera, púas de maguey acompañadas de cutículas de penca, y los petrograbados registrados a la orilla de la Laguna de la Luna con representaciones únicas de yacameztli, todo esto nos conduce a rituales que alcanzaron un alto grado de especialización teológica. El registro de los yacametztli es muy significativo, porque esta nariguera es uno de los atuendos característicos de las divinidades femeninas y masculinas asociadas a la Luna y el pulque, este atributo tan presente se contrapone a la ausencia de grabados con la efigie de Tláloc, elemento representativo y constante de los cultos de montaña. Esto demuestra que la “tlaloquización” de la montaña, sin duda no es el modelo más apropiado para el Nevado de Toluca.

Los resultados del análisis cerámico de esta primera temporada (2007) apuntan al Posclásico tardío (1200-1521 d. C.) y corresponden a la cultura mexica y matlatzinca; también se registraron algunos tiestos del período virreinal. El lector interesado en conocer los resultados de esta primera temporada puede consultar el libro Las aguas celestiales. Nevado de Toluca, (editado por el INAH, 2009, coordinado por Pilar Luna, Arturo Montero y Roberto Junco ), texto que incorpora capítulos dictados por especialistas en otros temas además de los antropológicos e históricos, como lo son: medio ambiente, historia eruptiva, glaciología, pintura, fotografía y poesía entre otros temas que corresponden al conocimiento amplio del Nevado de Toluca.

Pozos arqueológicos en la orilla norte de la Laguna de la Luna
después de una nevada durante la primavera de 2007.

Arqueología Subacuática

El Proyecto de Arqueología Subacuática en el Nevado de Toluca, marca sin duda un hito en la arqueología subacuática a nivel mundial. Trabajar por un período prolongado de tiempo en la alta montaña sumergiéndose en aguas heladas con inmersiones repetidas, superando los problemas fisiológicos de la alta montaña, es sin duda un record en el trabajo científico. Esta investigación se realizó al interior del cráter del Nevado de Toluca o Xinantécatl, donde se presentan dos lagunas, las cuales desde tiempos ancestrales fueron depositarias del fervor religioso con ofrendas consistentes en conos y esferas de copal, artefactos ceremoniales de madera, púas de maguey, puntas de proyectil de obsidiana, vasijas y objetos de cestería entre otros. En las siguientes imágenes se presentan algunas de las piezas recuperadas del fondo de la Laguna de la Luna por arqueólogos del INAH en el año 2007, las cuales se encuentran en proceso de consolidación en los laboratorios de CNCPC-INAH.

Cono de copal, que aún conserva su aroma. Dimensiones 12.5 cm de altura, 7.0 cm de ancho, peso 208 gr.
Artefacto ceremonial de madera, denominado por algunos investigadores cetro por la similitud que guarda con una pieza que aparece en el Códice Durán. Dimensiones 122 cm de largo, por 7.6 cm de ancho.
Espinas apicales de maguey utilizadas en rituales prehispánicos sorprendentemente conservadas por más de 500 años, estudios de laboratorio (L. Mainu) confirman que se encontraron evidencias de sangre en las puntas.

En la arqueología es sorprendente recuperar materiales orgánicos, sucede que se descomponen en períodos muy reducidos de tiempo. Sin embargo, las condiciones gélidas de las aguas con temperaturas constantes inferiores a 8° C, el aislamiento que implica la alta montaña, así como las condiciones climáticas de altitud que impiden la proliferación de microorganismos que descompongan los materiales, aunado al fino sedimento que cubrió las piezas, son los factores esenciales que permitieron que se preservaran hasta nuestros días. Los resultados preliminares de esos trabajos ya se encuentran publicados en el libro Las aguas celestiales. Nevado de Toluca  un texto que no sólo incorpora a la arqueología y la historia, sino que se adentra en temas ambientales, culturales y artísticos, demostrando el enfoque multidisciplinario de este proyecto.

Visite la página oficial del INAH para este proyecto:

Arqueoastronomía

El Nevado de Toluca como montaña trascedente en el paisaje sirvió como marcador astronómico para los habitantes de Teotenango, que desde el período Epiclásico (600 – 900 d. C.) se asentaron en la región, según nuestros cálculos el centro ceremonial de Teotenango estaba orientado al a la puesta del Sol para el equinoccio de primavera, y servía como referencia calendárica para determinar las fases productivas. Otro elemento relevante de la utilización astronómica del Nevado de Toluca es la estela que se encontró en el borde norte del cráter, ambos temas se detallan en la liga sobre arqueoastronomía.